jueves, 3 de septiembre de 2009

Carta desde Perú

En el umbral de mis 60 años, me estaba planteando cambiar de estilo de vida. El trabajo que hasta este momento, casi había sido el centro de mi vida, se estaba convirtiendo en algo rutinario. Me movía en un entorno en que reinaba la desconfianza, competitividad y susceptibilidad. Yo me preguntaba ¿todo esto para qué? Me parecía vivir una vida sin sentido, me cuestionaba la necesidad de un cambio, y decidí dejar el trabajo (ceder el campo a los jóvenes) y dedicar parte de mi tiempo a trabajos sociales en una organización solidaria con visión clara de Dios.

Fue entonces cuando la Hna. Rosa me animo a solicitar a la Compañía Misionera la posibilidad de partir a tierras de misión. Tomé el compromiso.


Una vez recibido el SI de la Compañía me encomendé al Señor y partí, por un año, rumbo a Perú –Misió
n de San Lorenzo en la Amazonia-Departamento de Loreto dispuesta a aceptar lo que el Señor quisiera de mí.

Mi experiencia en la selva ha reforzado mi fe en Dios. No puedo resignarme a que todo sea un puro azar privado de cualquier sentido. Hay realmente un sentido, una orientación en todo, ello me da fuerzas para no desanimarme, hacer el bien a mis semejantes aunque no pueda apreciar resultados. La tendencia de muchos cristianos en pensar de que el mundo de hoy no tiene solución es un error. Ahora no olvido que el mundo es obra de Dios. Si todos, en grupo e individualmente luchamos para ser mejores el mundo será también un poquito mejor.

Montserrat Cabré.

martes, 17 de febrero de 2009

La crisis de los más pobres


“Amigos del Puente Misionero. Como siempre, aquí estoy dispuesta a pasar un rato con vosotros hablando de nuestras cosas y se me ocurre que puedo hacerlo sobre algo que hace un tiempo está de moda y seguro están cansados de oír: ¡Crisis! ¿Y qué digo yo sobre crisis? Es verdad que hemos oído y leído en todos los medios de comunicación: “crisis de familia”, “crisis de valores” “crisis en la Iglesia”, y ahora, desde hace unos días “crisis del gas”. Crisis, crisis,…La hemos escuchado mucho pero ¿Hemos reflexionado sobre ella?

Ya parece que empiezo a saber lo que vamos a hacer: reflexionar sobre ello ¿Qué es crisis? No lo he mirado en el diccionario, pero lo he leído en algún sitio. Crisis es lo que surge cuando existe un desequilibrio. Y digo yo, que muy desequilibrado debe de estar este mundo global en el que vivimos. Algo grave debe de estar pasando cuando todos los políticos del mundo se reúnen y se vuelven a reunir buscando cómo resolver lo antes posible una de estas crisis, la “crisis económica”.

Se habla de inyectar a los bancos 700.000 millones de euros y dice alguien, y yo también, que si se repartieran tantos millones entre los pobres, se acabaría la pobreza. Ellos si que saben bien lo que es estar en crisis y sus consecuencias. Pero claro, dirán los sabios y entendidos que lo que hemos pensado algunos no es la solución. Y nos suspenderían en economía.

Cada uno intenta solucionar la crisis que le toca: unos se atropellan en las rebajas, otros se quedan con el coche viejo, esperando a que esto pase para comprarse uno nuevo; hay algunos que llevan al zapatero remendón a poner a sus zapatos medias suelas. Pero hay a quienes la cosa no les preocupa, para ellos no va la crisis porque en este mundo global en el que vivimos está repartido así el pastel. A los pobres les toca siempre perder: el inmigrante africano que duerme cada noche en un coche viejo abandonado a las afueras de la ciudad; otros lo hacen en los bancos de algún parque; los políticos reunidos en elegantes salones, buscan cómo encontrar la solución.

¿Cómo solidarizarnos con los últimos de la escala social? Es compleja la pregunta y más compleja aún la respuesta. Por lo menos no volver la cabeza para el otro lado. Que nos duela y que no nos deje tranquilos saber que muchos están sufriendo ya la tremenda situación de los que buscan y no encuentran trabajo, los que no tienen casa o ni siquiera una habitación dónde dormir caliente.

Las instituciones de la Iglesia intentan ayudar y ayudan lo que pueden. Hagamos todos lo que podamos con los casos que conozcamos y estén cerca de nosotros/as. Demos comprensión, cariño y “alguito más”.

Que el “darles vosotros de comer” del evangelio, nos estimule y lo que hagamos sea con tanta fe y cariño que nos queden “doce canastos con las sobras”.

Josefina Nieto

Efecto de la crisis económica en Bombardópolis, Haiti


Poco saben de la crisis en los pueblos en los que viven las hermanas, a pesar de que en el mundo hoy no se habla de otra cosa. Poco pueden decirnos de sus efectos y consecuencias. Estos pueblos han respondido a esta voraz crisis de la misma manera que hicieron antes de que comenzara. Allí no se sabe mucho de esto. Son pueblos que viven, siempre, dentro de la pobreza más absoluta. Las hermanas que habitan en Haití nos cuentan cómo es allí la vida, cómo hace la gente para sobrevivir en condiciones infrahumanas, cómo luchan por mejorar, ayudándose unos a otros a salir adelante y sin perder la esperanza de un futuro mejor.

Haití, un pueblo que muere de hambre bajo la indiferencia del mundo

En Haití, uno de los países más pobres del mundo, los habitantes con menores recursos han tenido que recurrir al lodo como alimento de la dieta básica. Con el aumento de los precios de los alimentos, muchos de los más pobres no pueden comprar siquiera un plato de arroz por día. El lodo ha sido favorecido desde hace mucho tiempo por las mujeres embarazadas y los niños como antiácido y fuente de calcio. Sin embargo, para la población de los barrios más humildes, las galletitas hechas con tierra, sal y mantequilla vegetal se han convertido en una fuente regular de sustento.

La agencia de los alimentos de las Naciones Unidas está cada vez más preocupada por los precios de los alimentos, que están subiendo fuertemente debido a varios factores climáticos y económicos. La mayor demanda de biocombustibles significa que se dedican menos terrenos a los cultivos alimenticios, lo que a su vez provoca una disminución de suministros y mayores precios. La Organización de Alimentos y Agricultura de la ONU lanzó un plan para combatir los aumentos de precios de los comestibles que incluye la distribución de vales a los agricultores para comprar semillas y fertilizantes en países pobres.


Los expertos dicen que los efectos sobre la salud son variados. La tierra puede contener parásitos mortíferos o toxinas industriales. Los médicos haitianos dicen que depender de las galletitas para sobrevivir conlleva un severo riesgo de desnutrición. Pero en Haití, los aumentos de precios y la escasez de alimentos amenazan la frágil estabilidad del país, y las galletitas de lodo son una de las poquísimas opciones que tienen los más pobres para no morirse de hambre.

Bombardópolis, Haití


“En este país hay poca producción nacional debido, en parte, a la falta de materia prima, al clima tan variable, tiempos de extensas lluvias que arrasan con todos los sembrados, o sequías intensas que los queman perdiendo gran parte de plantaciones. Todo esto hace que el país sobreviva de las importaciones, muchas de ellas donadas, con una precaria, débil e indigente economía nacional.

Unido a este problema, está el que produce la falta de infraestructura vial, la mayor parte de las “carreteras” de nuestra zona son caminos destapados que hacen difícil el acceso e intercambio de productos de un lugar a otro. Los medios utilizados para la movilización, son coches destartalados, además de burros y mulas, que como dice el refrán “alzando la enjalma, se le ven las
peladuras”. Animales que reciben un trato fuerte, poca y mala alimentación y un trabajo arduo para hacer.

Además, los fenómenos naturales: ciclones, tormentas tropicales etc., nos acompañaron en varios meses del año, propiciando desastres de gran envergadura, muertes de personas, animales y destrucción de productos agrícolas.

Una de las últimas medidas dadas por el gobierno nacional, está afectando y encareciendo, aún más nuestra vida, y esta medida consiste en no permitir la entrada directa de barcos a Port de Paix, capital de nuestro departamento, cambiando el rumbo a la capital, Puerto Príncipe, recargando de impuestos a todos los artículos, complicando así el traslado a otro lugar, aumentando el costo del transporte y las incomodidades de los viajes.

Ubicándonos en nuestra zona de Bombardópolis, situado al noreste de Haití, todas estas situaciones nos han afectado; escaseando los alimentos, subida de precios exagerada, duplicando y hasta triplicando el valor de los productos de primera necesidad que son la base alimenticia de la región (maíz, frijol, azúcar, verduras, aceite, etc.), a esto también se le añaden la muerte de cantidad de animales (cabritos, gallinas, marranos). Gracias a Dios en nuestra zona no hubo víctimas, aunque sí muchas casas deterioradas y caminos destruidos, impidiendo la entrada y salida de nuestro lugar.

ECONOMÍA AGRARIA
La Parroquia San Francisco de Asís de gran extensión, cuenta con más de 50.000 habitantes, repartidos en 35 pequeñas aldeas. Bombardópolis, sede de la Parroquia, es un pueblo de unos 2.000 habitantes, habitado en su mayoría por campesinos, que se dedican a una economía agraria de subsistencia que apenas da para sobrevivir, para malvivir.

A pesar de todos estos desastres, observamos, como la fe en Dios y la esperanza, mantiene nuestro pueblo en una confianza grande de que vendrán tiempos mejores y nosotras vamos experimentando lo mismo, seguras de que el Señor jamás nos falla, y siempre nos acompañará.

Nuestro pueblo, por su situación geográfica tan lejana de la Capital, su pequeñez, su pobreza material y aislamiento, es poco conocido, así y todo, gracias a las personas que han tenido la oportunidad de llegar hasta aquí y de los contactos que como
Iglesia vamos teniendo, sobre todo de otros países al conocer nuestra realidad, no se han hecho esperar en ayudas, paliando el hambre en muchas familias de nuestra zona y en otos lugares.

También alguna ONG se ha volcado en proporcionarnos ropa, alimentos y artículos de primera necesidad.

Uno de los tantos trabajos nuestros es organizar la ayuda alimenticia que llega a las escuelas.

Los niños se han beneficiado, no solo con una buena ración diaria de alimento, sino también con el apoyo de un médico y enfermeras cubanos, que pasan por las escuelas revisando la salud de cada alumno, detectando malnutrición, parásitos, problemas de piel…, todo fruto del hambre existente. Gracias a este programa, se va mejorando la salud, crecimiento y desarrollo de los niños, con medicamentos, vitaminas, etc., que hemos
podido adquirir gracias al apoyo económico que vamos recibiendo.

Hemos podido construir algunas casitas de los más pobres de la zona y empezado un programa para hacer depósitos (cisternas) que recojan el agua de lluvia que cae sobre el tejado de uralita, pues aquí no hay acueducto, ni alcantarillado, y todo depende del agua llovida.

Como ven, la providencia jamás nos abandona y sea este medio para darle gracias a todos los benefactores que hacen posible nuestra presencia y trabajos en este precioso terruño de Haití. Dios les bendiga.”

Carta de las hermanas de Bombardópolis



«Se podría decir irónicamente que, en esta ocasión,
a los más pobres y marginados del planeta
no les afecta directamente esta crisis.
Viven en ella permanentemente»



Mercadillo solidario


Queridos amigos:
Un año más, y ya van dos, hemos organizado el Mercadillo Solidario. Con ayuda de todos esta actividad va camino de convertirse en tradición.


Este año nos hemos organizado mejor y cada uno, en su medida, ha ido colaborando y aportando ideas. Muchos pocos hacen un mucho.


Fue un fin de semana intenso. Abrimos el sábado por la tarde y el domingo por la mañana (sin olvidar los intensos preparativos del viernes). La afluencia de gente fue alta a pesar del frío, la lluvia y la crisis.

Mediante el mercadillo nos dimos a conocer, afianzamos relaciones (incluso hay un fichaje de importante experto) y paso a paso, Misión Compartida va haciendo camino.

El dinero recaudado ha sido 4.058,10 que será destinado después de pagar los gastos al Centro de Promoción de la Mujer que llevan las hermanas de la Compañía Misionera en Jeberos (pueblo del interior de la selva amazónica en el Perú, departamento de Loreto).


Tenemos ganas, ilusión más ideas y proyectos por delante. Os iremos informando.
Y si nos quieres ayudar TE ESPERAMOS.

Beatriz Corcés.

Misionera laica de la Compañía Misionera

martes, 4 de noviembre de 2008

Gracias por participar en nuestra Asamblea General


La Compañía Misionera os tiene a todos como amigos, y por eso quiere compartir con vosotros lo que ha vivido estos meses pasados, concretamente en agosto y septiembre, como un gran acontecimiento eclesial. Muchos os preguntareis qué es eso, qué es una Asamblea General de monjas, y qué han hecho nuestras amigas misioneras durante tanto tiempo. Pues bien, os lo vamos a contar.

La Asamblea General es el órgano supremo de nuestra Congregación que se convoca cada seis años para tratar asuntos de especial importancia y para elegir a la superiora general y al consejo general. En esta Asamblea participan hermanas de todas las partes del mundo donde estamos trabajando, 24 en total, que han sido elegidas por las que forman las comunidades donde viven: Madrid, Marruecos, Colombia, Haití, Perú, República Democrática del Congo, Tcha, Camboya, India y Marruecos.

Todas ellas se reúnen para buscar juntas lo que es mejor para la Congregación. Se reúnen pidiéndole al Espíritu Santo que nos prepare a todas para estar abiertas a mirar juntas el cuerpo congregacional, es decir, la Compañía Misionera en diálogo con el mundo de hoy, con este mundo del siglo XXI.

Todo esto tiene como objetivo reavivar la fidelidad al carisma, que no es otra cosa que nuestra peculiar manera de ser y de hacer, a la vez que piden a la Virgen María, modelo de nuestra vida, audacia y lucidez para ser fieles a su Hijo.

Además, también se reúnen para elegir a la nueva superiora general para seis años.


La Asamblea General es un acontecimiento eclesial que, aunque se celebra sin publicidad alguna, no es nunca un acto privado, sino que pertenece a la vida de la Iglesia y, por este motivo, reviste siempre un carácter teológicamente público. Es un “momento fuerte” en el proceso de renovación y adaptación de la vida religiosa de un Instituto.


Es por ello que hemos querido compartir con vosotros y vosotras, para que nos ayudéis pidiendo al Señor por que la Congregación entera tome conciencia de su propia situación en todos los ámbitos, confronte lo que ella misma es de hecho con lo que tendría que ser en la vivencia sincera del propio carisma fundacional.


Vosotros y vosotras, queridos amigos, con vuestro recuerdo, oración y sincera crítica estáis llamados a participar con nosotras en estos privilegiados momentos.


Gracias si así lo hacéis.

Macaya


Macaya es una comunidad indígena de la etnia Shipibo-Conibo que está ubicada en la selva del Perú, concretamente en el departamento de Ucayali, distrito de Iparía. Dista de la ciudad de Pucallpa, capital de la región de Ucayali, unos 300 kilómetros, distancia que debe recorrerse por río, lo que hace que el viaje dure dos días y medio. El único medio para llegar a Macaya es el río.

La Compañía Misionera está presente en medio de este pueblo a través de un grupo de hermanas que procurando vivir insertas e inculturadas han querido acercarse al corazón del pueblo Shipibo – Conibo para conocerlo, amarlo y servirlo, al estilo de Jesús, intentando ser testigos, de su Reino.

Estas hermanas han procurado hacer suyas la lengua, la forma de vestir, la manera de vivir, tratando ser una más entre los Shipibos -Cunibos. Para ellas la vida transcurre sencillamente, compartiendo las alegrías y tristezas de este pueblo. Participan activamente de sus asambleas, fiestas y actividades; los acompañan en sus enfermedades y duelos procurando aliviarles en su dolor, los apoyan en sus luchas, que no son pocas (defensa de sus tierras, de sus cochas, de sus bosques, de sus derechos).

Las hermanas de Macaya, quieren hacer vida las palabras de Jesús (Jn 10,10), que nos recuerda que ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia, y por eso trabajan en todo lo que contribuye a esa vida. De allí que le den fuerza a apoyar proyectos de desarrollo sostenibles, protección y cuidado de la salud y del medio ambiente, promoción de la mujer, educación de adultos y defensa de sus derechos, entre otras cosas.

Convencidas de que el mandato de Jesús es “id por todo el mundo y predicad el Evangelio” pasa por el conocimiento y respeto de la cultura, y por ende de la religión, no se cansan en recorrer el difícil camino que las lleve a entablar un diálogo intercultural e interreligioso.

Al mismo tiempo comparten la fe con los hombres y mujeres que han manifestado el deseo de conocer a Jesús.

En este compartir la fe, la fuerza la ponen en la importancia de la relación personal con Dios y que de dicha experiencia brote en ellos y ellas el deseo de vivir según el pensamiento del Señor, haciendo lo que Dios quiere como camino que les lleve a ser felices.

Nueva superiora general


María Amparo Zaragoza Castelló nació en Valencia (España) el 6 de junio de l942. Desde los siete años, junto con su familia, se fue a vivir a Perú, motivo por el que ella se reconozca peruana. En Lima hizo sus estudios primarios y secundarios, al cabo de los cuales ingresó en la Compañía Misionera en 1960. Viajó a España, concretamente a Tarancón (Cuenca) para hacer su Noviciado.

Terminando el Noviciado, en 1965, pasó a Estados Unidos (Adrian) para hacer estudios universitarios. En l969 obtuvo la Licenciatura en Ciencias y Tecnología Médica. Este mismo año fue destinada a Perú, prestando servicios en los pueblos de Lagunas, Santa María de Nieva y Caco Macaya. En medio de diversos grupos étnicos de la Amazonía peruana ha desempeñado su labor misionera. Ha sido en el campo de la salud donde más ha destacado, llegando a salvar muchas vidas.

En la Congregación ha prestado variados servicios, entre los que destaca el de vice-superiora general y regional de España (2002-2008), maestra de novicias en España (1978-l982), o regional de Perú (1972-1975). También ha sido maestra de postulantes y junioras, administradora y, en varias ocasiones, consejera regional, todo ello en Perú.

Conocida como Soi Beca entre los shipibos, pueblo con el que ha gastado la mayor parte de su vida, se siente shipiba de corazón. Ella ha aprendido mucho entre los shipibos-conibo en los que ha encontrado a unos verdaderos hermanos y hermanas.


Representación de Misión Compartida en la Asamblea General


Como Misión Compartida he tenido el privilegio, junto con Isabel Cabrera, de representaros en la Asamblea General de la Compañía, a los/as laicos. Esto que parece tan “rimbombante” ha resultado uno de los momentos más enriquecedores que he tenido desde que pertenezco al grupo. También para Isabel ha sido una buenísima experiencia.

Invitadas por Rosa y Rían llegué a la Casa (así la llaman las hermanas)a las 4; ya estaban reunidas representado a cada una de la tierra de misión en la que trabajan, y no sé cómo explicaros la energía que había en la sala, quizás podréis haceros una idea si pensáis en lo que generan unas treinta y tantas mujeres sonriendo que te acogen como si te conocieran de toda la vida, así las sentí y creo que Isabel también. Sentí una sensación de maravillosa acogida aunque claro esto no quiere decir que no estuviera nerviosa por lo que tenía que representar, mi preocupación era que se entendiera bien lo que sentimos como grupo y también que a nivel individual pudiera explicarlo que me suponía estar en el grupo.

Jesús de Nazaret dijo que “cuando dos o más estuvieran reunidas en su nombre allí estaba Él”, bueno, pues estaba. La corriente de escucha, respeto y comprensión se notaba en todos los ojos que me miraban (que nos miraban) y poco apoco me sentí más relajada y sin miedo a intervenir.

Agradezco mucho que Isabel me acompañara porque me hacía sentir grupo y creo que a ella también le llego el sentirse a su anchas porque sus intervenciones fueron perfectas y oportunas.


En la próxima reunión os explicaremos cómo ha resultado este encuentro y lo que les hemos pedido a la asamblea, y os contaremos que están haciendo los laicos en otros países. Este mensaje es para deciros que estamos en buenas manos y recorriendo un camino que merece la pena dentro de la Compañía Misioneras.


Un beso fuerte y nos veremos el 21.

Mari Carmen

Encuentro en el CAM3, una experiencia inolvidable


La inauguración del encuentro fue muy bonita, había gente de todos los países de América, cantaban todos/as con alegría y se sentía la fuerza del Espíritu. Representaron América con pan como ofrenda a todo el continente y lo ofrecieron. En el foro participe en “Misión y Fundamentalismo Religioso” pues lo que yo había escogido (Laicado misionero), no tenía participantes.

La familia en la que me hospedé me trató muy bien, era una familia unida y religiosa con ganas de saber de Dios, cada noche rezaban juntos y compartían sus cosas. Les dije que era laica y les conté de la misión de las hermanas se interesaron mucho y me dijeron que querían pertenecer al grupo de laicos de la Compañía esto me hizo muy feliz. Le dije que ya les informaría sobre los pasos que tienen que seguir para serlo.

Estoy muy agradecida por haberme dado la oportunidad de asistir al CAM3 pues ha sido una experiencia inolvidable.


Un abrazo fuerte en la distancia.

Marta Velásquez

miércoles, 28 de mayo de 2008

Una sociedad multicultural



Queremos hoy hacer partícipes a los amigos que nos siguen por medio de este Puente Misionero de algo que nos preocupa, no sólo como misioneras, sino también como cristianas. Vivimos en una sociedad y en un mundo pluralista. En nuestros parques y calles, en los mercados y lugares de ocio se ve y se escucha de todo, se palpa esa pluralidad: rostros de colores diversos, ropajes distintos, frases captadas al vuelo de idiomas diferentes… ¡Esto es hermoso, sí! No es el mundo en blanco y negro de los abuelos de nuestros abuelos ¡Qué colorido paisajista y qué conciertos de voces! Pero en esta diversidad hay algo que nos iguala y nos une: el deseo de vivir en paz y felices.

Tenemos que encontrar la manera de conseguir lo que tanto deseamos. Viven entre nosotros personas que no son felices, porque la confrontación con la realidad “diferente” que las rodea las deja al desnudo, y al desnudo tendrán que nacer de nuevo. Nosotras, las misioneras de La Compañía sabemos mucho de esto, porque nuestro especial carisma consiste precisamente en salir.

Salir para entrar en contacto con otros pueblos, y en ellos encontramos cosas nuevas que nos sorprenden precisamente porque son diferentes a todo lo que poseíamos como nuestro, ni mejores ni peores, sino nuestras.


En el momento de la llegada se sufre mucho, pero al cabo de un tiempo empezamos a ser felices. Nos damos cuenta que los que allí viven poseen valores que quizás para nosotras no lo son. Ellos, por su parte, captan algo en nosotras que no comprenden. Poco a poco las distancias entre ellos y nosotras se acortan, surge la cordialidad, la amistad y la cercanía, y el sentimiento de soledad desaparece. En ese momento uno se sorprende de que lo que al principio parecía tan difícil conseguir, no lo es tanto, y que es posible encontrar la manera de vivir en paz y ser felices en el mundo pluralista en que vivimos.

La clave está en la palabra valores. Ellos, los que han llegado a vivir entre nosotros, tienen valores y tienen contravalores, al igual que nosotras. Y algunos son comunes. ¿Y si los practicamos?, están ahí, en los Derechos Humanos, ¿no nos harán felices? ¿No nos ayudarán a vivir en paz? Yo creo que sí. Pero ello requiere que todos estemos dispuestos a valorar otra manera de entender la vida diferente a la nuestra, y si conseguimos que en ambas vidas se den la cercanía, la apertura, el diálogo, la escucha y el respeto, seremos felices y viviremos en paz. Os lo asegura una misionera que ha vivido feliz y en paz durante 40 años en un mundo muy diferente al suyo.


Josefina Nieto (40 años en la misión)

Cada uno de nosotros somos únicos para Dios


Cada miércoles por la tarde visito a las mujeres de una cárcel inmunda que hay en Suay, pequeña ciudad donde he venido a vivir por unos meses para seguir con el aprendizaje de la lengua khmer. En tres habitaciones bastante pequeñas viven confinadas en condiciones inhumanas 70 mujeres, algunas de ellas con sus niños pequeños.

Un día, una de ellas, que lleva ya 15 años de condena, me pidió que le ayudase a encontrar a su hijo que era solo un bebé cuando a ella se la llevaron a la cárcel y que desde hacía ya años no tenía noticias suyas. Con toda la información que me dio nos pusimos en comunidad a localizar el pueblo, que resulto estar más lejos de lo que nosotras pensamos. Nuestras hermanas conocían a unas personas que precisamente trabajaban no lejos de ese lugar, por lo que pensamos pedirles ayuda para que ellos, al ser del país, nos ayudasen más fácilmente a encontrar al muchacho. La tarea resulto ser más fácil de lo que pensábamos y en seguida dieron con él. Su nombre es Map y a penas sabe leer y escribir porque desde muy pequeño se ha visto obligado a trabajar para mantenerse.

Lo trajimos a Suay para que visitase a su madre, y al muchacho aunque estaba algo temeroso, ¡se le veía feliz! El problema que se me presentaba ahora a mí era cómo hacer para que me dejaran entrar dentro de la cárcel con él, ya que a los familiares no les está permitido acceder al interior y solo pueden ver a los presos a través de unos ventanucos que dan a un patio interior y una vez que hayan pagado la cantidad de dinero que le pidan los policías.


ENTRADA EN LA CÁRCEL

Pues así, sin saber bien como me las iba a arreglar para que este joven se encontrase con su madre me puse en camino, y cuando llegué a la puerta de la cárcel, y le dije a los policías que venía sólo acompañando a este joven, le recé al Señor en mi corazón y le pedí a María, que también es Madre, que fuese delante de nosotros y que nos condujera hasta el lugar donde estaba la madre de Map. Esta oración me dio fuerza e hizo que me sintiera fuerte para
avanzar y pasar todos los controles de policías, que con seguridad, por ser extranjera y estar sola, me iban a pedir mucho dinero. A pesar de ello, yo seguía preguntándome a mí misma cómo iba a responder a todas sus preguntas en khmer. Y si no comprendo lo que me dicen, me preguntaba en mi interior, ¿cómo me las voy a arreglar?
Así, con esta mezcla de sentimientos en la mente y en el corazón, pasé el primer control y cual no seria mi sorpresa al ver que atravesábamos el patio donde están los ventanucos para ver a los presos y que seguíamos avanzando y avanzando, sólo saludando a todos los policías que me encontraba, juntando las manos e inclinando la cabeza con una sonrisa, al estilo de ellos, fuimos pasando todos los controles sin decir una sola palabra en khmer y sin dar dinero a nadie. Sin que yo se lo pidiera, los policías mismos me fueron conduciendo al interior de la cárcel, como si alguien en sus corazones les estuviese indicando lo que tenían que hacer.

Cuando me vi dentro con el joven a mi lado no sabia si reír o llorar. Pero lo más fuerte fue cuando abrieron la puerta de la habitación y permitieron a esa mujer que saliese fuera para estar con su hijo, no solo 30 minutos que es el tiempo acordado a las familias, sino dos horas y media. “Señor, que bueno eres con nosotros”, me repetía una y otra vez en mi corazón. Cuando la mujer me abrazaba llorando, yo era consciente de que no había pedido nada, ni siquiera había pronunciado una palabra en khmer, lo único que había hecho era confiar en el Señor en la situación concreta en la que me encontraba.


MOTIVO DE LA CONDENA

Al salir le pregunté al muchacho el porqué le habían condenado a su madre a tantos años de cárcel y él me contestó que había sido acusada y condenada por vender niñas pequeñas para la prostitución, pero que él sabía que su madre era buena aunque hubiera esas acusaciones contra ella. Fue entonces cuando en mi corazón le dije a Dios: “Perdónanos que no sabemos lo que hacemos”.

Esta experiencia que me llenó el corazón de alegría, me llevo a pensar en lo grande que es el amor de Dios para con cada uno de nosotros, y como no sabemos percibirlo en nuestras vidas, porque con frecuencia vivimos preocupados y enredados en nuestros asuntos y en cosas que realmente no son importantes. Dios nos ama a cada uno de una manera muy personal, y sea cual sea nuestro pasado, nuestra historia, Él nunca nos retira su Amor porque su corazón es compasivo y esta siempre siempre dispuesto a perdonar y a olvidar. ¡Cada uno de nosotros somos únicos para Dios!

Lo experimentado en ese día también me llevó a pensar que cuando dejo que Dios sea el protagonista en mi vida, mis temores y mis lógicas siempre se desvanecen y la conciencia de que solo soy un instrumento de su Amor se fortalece y se clarifica cada vez más en mí. Reflexionar sobre lo vivido me ha ayudado a ver con más claridad que, cuando llego a percibir a Dios en mi vida y en todo lo que me rodea, Él siempre me revela que el Amor es el sentido de la Vida.

Paqui Picón (Desde Camboya)

Un largo camino hacia la Compañía Misionera

Mi camino misionero…Realmente empezó algunos años antes de conocer la Compañía con diversos grupos misioneros, campos de trabajo, pascuas misioneras, etc. Poco a poco va creciendo la semilla y llega un momento en que parece que quiere dar fruto. Es entonces cuando “por casualidad” se me presenta la oportunidad de ir a Colombia, a Guapi, donde empecé a conocer el estilo de vida y misión de la Compañía y a sentirme identificada con esta manera de vivir. Entre la Compañía Misionera y la ONG Llevant en Marxa, de Manacor, los niños más desarrapados de Guapi y los lugares más sencillos, entre ellos Caimito, y sus gentes, me van robando el corazón y quedo tocada.

Doy un paso más y entro en mi pre-noviciado en Medellín. Es otro mundo, no parece la misma Colombia. Ésta es una experiencia más hacia dentro, empiezo a caminar buscando a Dios y lo descubro a mi lado, siempre. Y por fuera descubro realidades de dolor y situaciones fuertes que vive la gente, camufladas por la música y una alegría que no sabes muy bien de dónde viene, y aprendo que el colombiano jamás pierde la esperanza.

Y llega Haití; tras dos años en Medellín me uno a la comunidad de Bombardópolis, en Haití. Desde el primer momento que pongo los pies en este país tengo sensación de irrealidad, de estar en otro mundo y para entrar en él hay que descalzarse y desprenderse, dejar lo que eres y las capacidades que crees tener y empiezas a vivir con lo que Dios te da y a vivir desde la fe. Y lo bonito es que es la propia gente quien te enseña a vivir así (porque no tienen más remedio, ellos).

Y la sensación de que Él viene caminando a mi lado es constante, o me doy más cuenta porque no hay nada que me lo oculte, pero lo veo también caminando con los otros y es que el haitiano camina mucho, y Dios con él. Y aprendes a evangelizar amando, porque sobre todo al llegar no puedes hacer otra cosa –ventajas y desventajas del idioma- pero el cariño llega. Y descubro la fuerza de la comunidad, como lugar donde crezco, como apoyo en las dificultades, y sabiendo que donde está una están las demás: “no estás sola, aunque la responsabilidad recaiga sobre ti, todas estamos contigo”… O perdidas en medio de ninguna parte, pero sintiendo que estás sostenida en la oración. Y Dios hablando y hablándonos, cada día, desde lo sencillo en un medio pobre y pobre de espíritu. Al finalizar este año me digo a mi misma que he descubierto y experimentado lo que quiero vivir como experiencia de Dios, como misionera y como comunidad.

Y de Haití a Madrid, empiezo una nueva etapa (otro paso más en mi camino), el noviciado en La Compañía Misionera, y lo inicio con un deseo que recoge toda mi experiencia de estos últimos años, la de tomar cada día mi vida, y la de aquellos a los que pueda llegar, y ponerla a los pies del Señor, para que la mire y al mirarla la transforme y la llene de sí, de su luz y de su esperanza y al retomarla volver de nuevo a la vida, consciente de que Él está ahí, siempre.

Gema Pérez Jover (Nueva en la Compañía)

Una vida sencilla entregada con alegría

Luisa María Saavedra Jiménez nació el 12 de febrero de 1929 en las Palmas de Gran Canaria. Era la tercera de una familia numerosa de 10 hermanos, y desde los 14 años se entregó con mucho cariño al servicio de la familia. En ese ambiente fue madurando su vocación misionera.

Cuando conoció nuestra congregación le entusiasmó el ir a las misiones más pobres y necesitadas. Ingresó en la Compañía Misionera el 18 de enero de 1960 y marchó a Perú el 10 de febrero de 1965.

Su primer destino en Perú fue Lima, concretamente el Colegio de San Agustín, estuvo un año en Lagunas y posteriormente pasó a la misión de San Lorenzo llevando junto con otras hermanas el Internado Interétnico y compartiendo con ellos su alegría y experiencia de Jesús.

Luisa María recibió muchos dones, entre los que resaltamos su sencillez, su alegría o su bondad. Era una persona muy humana y cercana, nunca hacía problema de nada disculpaba siempre, y era muy sociable y acogedora. Fue una persona que vivió plenamente la vida que Dios le concedió, incluso en su larga y dolorosa enfermedad.

Actividades Misión Compartida

Varios años después de su formación, el grupo de Misión Compartida de la Compañía Misionera continúa avanzando. Poquito a poco, pero con paso firme. La mejor prueba de ello la hemos tenido en los últimos meses, en los que con el objetivo de recaudar fondos para la misión se han llevado a cabo algunas actividades organizadas por el grupo que han resultado ser todo un éxito.

El 1 de diciembre de 2007 se desarrolló un mercadillo solidario que nacía con vocación de continuidad. Decenas de personas compraron los artículos que habíamos recibido de las comunidades de África, Asia y América. El éxito fue tal que se recogió más de 2.244 euros, cantidad que se acordó enviar a la comunidad de Bribano, en la República Democrática de El Congo. Además, aún nos quedan artículos en “stock” por valor de 2.707 euros, lo que nos anima a trabajar aún con más ganas en una segunda edición del mercadillo.

“Tejados para África” ha sido la última actividad desarrollada el pasado 26 de abril. La jornada iba encaminada a recaudar fondos para la comunidad de Bribano, donde se han destruido las casas dejando a numerosas personas a la intemperie. Todos los asistentes pudieron hacerse una idea de lo que allí está pasando, hubo tiempo para la reflexión, pero la jornada estuvo también acompañada de música, videos y otras actividades.

Esta es la línea que queremos seguir desde el grupo Misión Compartida, adherirnos al espíritu de las hermanas para intentar poner nuestro granito de arena en la construcción de un mundo menos injusto.

martes, 11 de diciembre de 2007

Navidad para la Naturaleza

 
Hace apenas un mes que en el mundo se celebraba el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados, una onomástica que además de denunciar los perjuicios humanos y naturales que ocasionan los conflictos armados y que perduran mucho tiempo después de haberse restablecido la paz, sirve también para concienciar a la población de la gravedad de los daños que el hombre ocasiona a la naturaleza.
 
Se acerca la Navidad, sinónimo de vida, nacimiento y creación, y tenemos que aprovechar estas fechas para reflexionar y entablar un diálogo con nuestro planeta. Hoy en día, la gente tiene poco tiempo para escuchar con tranquilidad a los demás; pero la Tierra sí porque es madre, y toda madre escucha con amor infinito a sus hijos, responde a sus preguntas y aclara sus dudas, alimentándolas y manteniendo sus vidas.
 
¡Qué sabrosos alimentos has fecundado, Madre Tierra, en tus entrañas y has producido después para nosotros, tus hijos! Por este motivo, es preciso que aprendamos a devolver a la naturaleza lo que le debemos, y para eso debemos saber escucharla. Con los oídos y el corazón abiertos, ansiosos de escuchar su voz, oímos:
 
“Pobre hijo mío del siglo XXI que te crees grande y poderoso porque dominas la técnica, y que incluso has llegado hasta la luna, mi satélite. ¡Pero si eres tan pequeño e indefenso como el que un día nació Belén de Judá, hijo de María y de José! Crees que lo sabes todo y no escuchas a nadie. Escucha primero a Dios que se hizo carne, se hizo niño. ¿Acaso vosotros no queréis salvarme y conservarme para vuestros hijos?”.
 
Escucha también a los “profetas” de hoy en día, sociólogos, geólogos, ecologistas y tantos otros profesionales que avisan de la importancia de cuidar el medio ambiente. Día tras día escuchas advertencias que te animan a no contaminar, a mimar el agua para que los pantanos no se queden bajo mínimos, sin ni siquiera reservas para consumo humano, que y que los hombres que sí me aman, la gente de campo, puedan dejar frescos y mullidos mis terrones secos.
 
Si todo esto hacéis germinará en mí el trigo, el vino y el aceite, os lo aseguro, permitiendo entonces paliar el hambre que padecen tantos y tantos hombres que me habitan. Oíd las voces de estos que gritan que también tienen hambre y sed de justicia. Ése es otro de vuestros grandes retos, trabajar para que tanto esta justicia como la técnica agraria, la calidad de vida y la prosperidad lleguen a las poblaciones rurales donde tantos jóvenes me abandonan. Y a estos jóvenes, que en los días navideños pasearán por las calles pletóricas de luces de colores, música y tentador comercio, decidles de mi parte que ellos ha de ser los que me hagan nueva, los que me salven.

Somos germen y camino

La hermana Celia
 Somos proceso y estamos siempre en proceso, como la semilla que cae en la tierra, que se transforma para dar nueva vida. Somos camino y estamos siempre en camino. Somos también pausa y ritmo, oscuridad, silencio, germen y ciclo, algo que nace y muere para transformarse en una vida nueva.

La Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús ha sufrido en las últimas semanas la pérdida de tres hermanas, Celia, Manuela y Soledad, que han marchado de este mundo dejando tras de sí una enorme labor. Las tres, desde su renuncia a todo, han sabido entregar sus vidas a Dios a través de la misión, donde han permanecido al servicio de los pobres y más necesitados. Desde allí, cada una de ellas ha contribuido a su manera a poner su granito de arena en la construcción del Reino de Dios.

UNA MISION IMPARABLE
La hermana Celia empezó su camino misionero en 1965, año en que partió hacia El Congo. Allí permaneció, al lado de los más necesitados, durante 17 años, ya que en 1982 se vio obligada a regresar a España aquejada de esclerosis múltiple. Esta dura enfermedad no le impidió seguir desarrollando su gran vocación de misionera, ya que quiso continuar trabajando por ella en compañía de los otros enfermos residentes del Centro de Esclerosis Múltiple de la Comunidad de Madrid, ya que estaba convencida de que «una misionera no se retira jamás».

Al tomar la decisión de dejar la casa de la Compañía Misionera, Celia dejó a las hermanas una carta explicando los motivos por los que se marchaba a convivir con otros enfermos. Nuestra hermana Celia veía en su enfermedad un regalo que al final de sus días le enseñó a ver las cosas desde otra perspectiva, y así nos lo hacía saber al describirnos su experiencia y su día a día en la residencia. Una vez allí, al principio podía llevar una vida normal, aunque poco a poco fue necesitando la ayuda de un bastón primero y, luego, de dos. Finalmente, tuvo que aprender a moverse en silla de ruedas cuando ya casi estaba nula, hasta que se convirtió en una ayuda imprescindible. «Actualmente necesito ayuda para todo, aunque de momento, no sé hasta cuándo, puedo todavía comer sola», nos explicaba a través de las cartas suyas que recibimos.

«Mi experiencia es que esta enfermedad ha sido el mejor regalo de mi vida, porque me ha hecho colgarme de la mano de Dios. Y sigo colgada. Creo que es la razón por la que puedo compartir con vosotras esta valoración de mi enfermedad. Es cierto que hay muchas cosas que he dejado de hacer, no he podido moverme ni ir a muchos sitios..., pero podéis creerme, todo eso me parece muy chiquito comparado con la vivencia del Señor al que siento tan cerca día y noche. Nada me falta para ser feliz».

Dios no la soltó de su mano. Hace siete meses fue operada de cáncer de tiroides, perdió su voz y su capacidad para comunicarse, todo lo que tenía. Y solamente siguió cogida de la mano de Dios.

SOLEDAD y Mª JESÚS
Después de la muerte de Manuela, misionera en India que falleció hace unos meses en un trágico accidente de tráfico, dos de nuestras hermanas de España partieron hacia ese país, Ana María Tarinas y Soledad Rubio. No hacía mucho tiempo que ésta última había llegado a España para retirarse tras 40 años en India. Esta decisión fue muy dura para ella, pues siempre había querido morir en la misión. Sin embargo, dadas ya sus limitaciones, decidió no convertirse en una carga para las hermanas de allí.

La hermana Soledad
Con el vacío que dejó Manuela en la misión de India, Soledad tuvo que partir de nuevo hacia allí, donde, paradójicamente, acabó perdiendo la vida. Es como si Dios la hubiese llevado a morir donde ella siempre deseó.

Soledad era una persona con muchas cualidades humanas, coherente con su vocación, con capacidad de hacer lo que fuese. Fue por muchos años ayudante en el departamento médico de la Leprosería de Surat (India), al tiempo que se encargaba por periodos de la administración general de la Compañía. Se podía contar con Soledad para cualquier tipo de trabajo, pero lo que más ha impactado de su vida es el cariño que tuvo a los enfermos, a los que siempre quiso y con los que quiso compartir sus últimos días.

Por otro lado, recientemente hemos conocido también el fallecimiento en Lima de la hermana Mª Jesús, una persona sencilla, cercana, abierta a lo nuevo y entregada a los demás que se pasó toda su vida misionera de cocinera en la misión del Nivea. Esta hermana, un verdadero lazo de unión entre todas las demás, no dejó nunca de estar con la gente, siempre con una sonrisa en los labios. Al morir dijo lo mucho que quería a todas las hermanas y que se sentía muy querida por todas ellas. Una de ellas, la que la cuidó durante los últimos momentos, recalca que la vida de Mª Jesús le ha enseñado lo que es ser misionera de la Compañía.
La hermana María Jesús

Al contemplar a las hermanas Manuela, Celia, Soledad y Mª Jesús, que han sabido dar todo por el Reino, nos preguntamos cuál es el sentido de la vida para nosotros. La vida es un don de Dios, una preparación para la eternidad. La vida no se puede entender como algo individual o independiente de los otros. Es más, la capacidad de vivirla plenamente es optar e interesarse por los que son mayoría en la humanidad, es decir, por “los desheredados de la tierra”, personas necesitadas a todos los niveles. Esta opción por la vida nos dará la capacidad para ser felices, saber vivirla en plenitud y saber entregarla como germen de vida nueva.

Ésta ha sido la trayectoria de estas hermanas que han sabido vivir su vida en entrega a Dios y a los hermanos, pasando por sus luces y sombras en ese camino hacia el Padre Dios.

Carta de la hermana Celia

Queridísimas hermanas:
Cuando he empezado a escribir esta carta tenía un poco de miedo de no saber expresar bien los motivos que me han llevado a tomar la decisión, aparentemente incomprensible, de irme a vivir a esta residencia que se acaba de abrir para los enfermos de esclerosis múltiple. De pronto me ha venido a la memoria una idea luminosa, y le ha dicho al Señor “Hazlo Tú”, y llena de confianza me pongo al ordenador y comienzo.

A mis veintitantos años durante unos ejercicios cuando no tenía ni asomos de vocación oí esta frase: “ la vida solo sirve para darla.” A los pocos meses entraba en la Compañía. Aquella frase, que se me había grabado en el alma, sigue muy viva hoy.

Estos días copiando los ejercicios espirituales del P. Carrasquilla, me encontré una idea que también se me ha quedado grabada: ”Para revelar a Dios, Cristo se nos mete en la vida, se hace un hombre como nosotros”; se hace uno de tantos.

También estos días, y estoy convencida, no por casualidad, he vuelto a escuchar esta frase: “una misionera no se jubila jamás”. ¿Por qué me vino a la memoria esta historia? No lo se.

Pero son estas tres ideas que os he dicho al principio, las que me han convencido, sin una sombra de duda, de que a mis 71 años sigo siendo misionera de la Compañía en activo, con deseos de anunciar al Señor, desde mi situación privilegiada de minusválida, circunstancia que Carta de la hermana Celia me posibilita el ser, como Jesús “ uno de tantos” entre aquellos enfermos.

Y como la vida solo sirve para darla pues pienso, después de las vivencias que os he contado, que el Señor me pide que dé la mía, compartiéndola y siendo uno de tantos entre los enfermos que viven en esta residencia.

Y termino diciendo a todas cuanto os quiero. Agradezco todo lo que me habéis ayudado siempre con vuestra paciencia, cariño, comprensión. No me olvidéis en vuestras oraciones, porque el espíritu está pronto pero la carne es flaca.
Celia

Ideas para el perfil del laico/a de la Compañía Misionera

  • Tomar claro la opción de trabajar por los más pobres y necesitados dentro del campo o frente que se está desempeñando ya sea en la familia, profesión, grupos y demás.
  • Por medio de las hermanas conocer el carisma de la Compañía Misionera y los campos de trabajo donde ellas realizan y viven su vocación misionera.
  • Sentir el compromiso misionero de extender el Reino de Dios en la tierra que es la liberación del hombre su obra maestra.
  • Entregar parte se su tiempo en formación de grupo ó individual para tener una proyección más eficaz y eficiente en el trabajo misionero.
  • Fomentar actividades espirituales y materiales en beneficio de nuestra propia vocación, implicando en ello a otras personas que sienten el deseo de compartir algo con los demás.
Margarita María Arroyave
Misionera laica de la Compañía en Colombia

Feliz Navidad

Y Dios vio que los seres humanos
amaban la totalidad de la creación,
las estrellas, y el sol, el día y la noche,
la tierra y el agua, y a todos los humanos.

Y dijo Dios: “Eso es bueno”.

Y fue el tercer día del planeta de la
felicidad.
Y Dios vio que los seres humanos

eliminaban el hambre,
la enfermedad, la ignorancia, y
el sufrimiento en toda la tierra,
proporcionando a cada persona humana

una vida decente consciente y feliz,
controlando la avidez, la fuerza y la
riqueza
de unos pocos.

Y dijo Dios: “Eso es bueno”.

Y fue el cuarto día del planeta de la
justicia.

Robert Muller