viernes, 29 de abril de 2011

Roturando caminos

Arriba, el colegio y el huerto.

Con cuatro hermanas de la Compañía Misionera se inicia en África, Tchad, la nueva misión de Batkchoro en 2001. Las nuevas misioneras son Mª Luisa Yáñez, Carmen Fortéa, Susana Mabeya y Mª Luisa Eteke. Es una obra totalmente nueva para nosotras, y comenzamos descubriendo las urgencias de esta gran región donde nadie anteriormente había roturado sus caminos. Nuestro Obispo, Miguel Ángel Sebastián, un aragonés ferviente y emprendedor, quiere transformar sus terrenos en campos de trabajo apostólico para que el tchadiano pu
eda tener acceso a una vida más digna, más humana, más justa...

La transformación de la misión de Bakchoro en 9 años es sorprendente. Las hermanas que llegaron al comienzo en una sencilla casa en zona casi desértica, han hecho florecer un verdadero vergel. Están realizando un progreso extraordinario en la educación de los niños, no escolarizados hasta entonces, y están obligadas a agrandar la mini-escuela inicial de año en año. Se convierte en una hermosa escuela, cuyas clases rebosan de chiquillos, deseosos de acceder a los conocimientos básicos y a la formación. Estamos convencidas, nos afirma continuamente Carmen Fortea, de que “Toda transformación de un pueblo pasa por el acceso a la educación”.

La transformación de maestros nativos, los distintos servicios, las aulas con su
s flamantes pupitres y material, son el atractivo de todos los pueblecitos cercanos. La vida de los pequeños es compartida sin ningún problema entre buen número de musulmanes, de animistas y un grupo de cristianos de diversas procedencias.

Para llegar a estos resultados, las hermanas recorren y visitan los poblados, acercándose a sus vidas, comiendo en sus mesas, compartiendo la vida sencilla de unas tribus y lenguas difíciles de entender, pero donde el lenguaje del amor es siempre acogido, e interpretado por los pobres del mundo entero.

La escuela sigue su extensión, las ayudas de los amigos de España, especialmente de Castellón y de Manos Unidas hacen posible esta pequeña maravilla en tierra tchadiana bajo un sol temible que viene acomp
añado del aire que sopla del desierto.

Y ¿qué decir del Centro de Acogida y formación de disminuidos físicos que ha surgido paralelamente a la escuela? Nadie podía imaginar que con la búsqueda de María Luisa Yáñez, que recorrió todos los caminos de la Diócesis, aparecieran tantos discapacitados físicos. Llegaban de todas partes y en condiciones angustiosas. Actualmente están censados más de 400 jóvenes y niños. Al no ser vacunados de poliomielitis, la enfermedad hizo estragos en años precedentes, añadiéndose toda clase de victimas de accidentes y malformaciones...


A
ctualmente el centro de discapacitados se está transformando en salas de aprendizaje de oficios y formación de adultos, que les dará una posible autonomía económica. Ciertas minusvalías son asistidas por intervenciones quirúrgicas, que médicos españoles y franceses, amigos de "Bakchoro" realizan con gran generosidad. Estas ayudas a las misiones, quieren devolver la dignidad a nuestros hermanos que no podían mantenerse en pie, y que por causa de su enfermedad son despreciados por sus familiares y por la sociedad en general. “Nosotras no podemos solucionar los graves problemas de fondo, pero sí aliviar el sufrimiento de la gente”, nos decía María Luisa.

Otra de las actividades, es atender y ayudar a la mujer tchadiana cuya vida se desenvuelve entre sus mil ocupaciones para asistir a su familia y dar de comer a sus hijos y todo ello soportando el peso de una vida ancestral... También ellas sueñan con mejorar sus vidas, adquirir nuevos conocimientos y evolucionar en un mundo en continua transformación. Difícil tarea en la que hermana Marie Claire Ilunga intenta formar a grupos de mujeres en la Diócesis de Lai, dándoles la ocasión de expresarse, reflexionar sobre su cultura y sobre los frenos a los que está sujeta la mujer en el Tchad. Despertar en ellas el deseo de una vida mejor... Ayudarlas a crecer en dignidad en la belleza de sus capacidades humanas y espirituales, en el respeto de la sociedad.


Con este deseo, Marie Claire Ilunga, ha comenzado un internado de jóvenes muchachas tchadianas, para acompañarlas en una formación que las prepare para romper moldes y a ser líderes en el mundo que las envuelve.


Nuestra vida misionera es vivir entre nuestros queridos pueblos africanos a causa de nuestra pasión por Dios, que es pasión por la humanidad.


Roser Morera

Vida sembrada

Mª Luisa. Habitada y dinamizada por el Espíritu de Alegría, Libertad, y Comunión ha dejado una huella de gran sencillez y servicio; todo un talante misionero. Su fuerza surgía de la miseria que le rodeaba, pero sobre todo procedía de su comunión con el Dios de la vida, al que consagraba largos ratos de oración al amanecer de cada día.

Nacida en Zaragoza España en 1937. En 1965 partió de misionera a Colombia donde desplegó una gran labor apostólica, en Medellín y Docordó. Ejerció en los servicios de sanidad y asumió también distintas responsabilidades en la Congregación; trabajando siempre entre afroamericanos. La segunda etapa de su vida misionera se desarrolló a partir de 1999 en África, Congo y en el Tchad, siendo fundadora junto a otras tres hermanas de la misión de Bakchoro.

Además de una intensa labor pastoral desde los inicios en el Tchad, trabajó en la organización y asistencia de los discapacitados físicos, muy numerosos en su Diócesis de Lai. Inició el centro de Formación Profesional para jóvenes discapacitadas para que pudieran ser autónomas en sus vidas. Murió el 13 de diciembre de 2010 en pleno servicio, mientras se dirigía a la capital Njamena para recoger a unas compañeras y preparar lo necesario para la Navidad de la Misión. Un terrible accidente le arrebató la vida así como la del chofer del vehículo a pocos kilómetros de Bakchoro. Su vida ha sido semilla para los campos y pueblos tchadianos: el grano que cae en tierra muere pero se transforma por la fuerza del Espíritu en medio de la noche de África, despertando vida, esperanza y nueva humanidad.

La tumba de Mª Luisa se encuentra en el terreno de la Misión y desde que ella nos dejó se ha convertido en lugar de peregrinación de centenares de gente sencilla de nuestros pueblos que pasan diariamente para visitarla y hacer oración. Su entrega no era notoria, no era llamativa a los ojos de la sociedad actual "Es el evangelio del amor";. Lo que prima ante la necesidad es lo humano... Para ella era la mejor calidad de servicio al enfermo, al disminuido físico. Porque en lo humano está lo divino.

Elena y Manuel

Muy buenas desde Misión Compartida. Soy Elena y me casé el 29 de enero con Manuel, y queremos compartir con todos vosotros qué nos supuso este acontecimiento. La verdad es que es difícil eso de resumir el mundo de las emociones, de las experiencias que marcan. Pero bueno, lo vamos a intentar.

Comenzaré diciendo que si bien lo habíamos preparado todo con esmero, cariño y con mucho corazón, lo cierto es que pusimos especial dedicación a la celebración, pues tanto a Manuel como a mi nos parecía que era realmente lo más importante.

El día se presentaba tranquilo, uno más del calendario, sin embargo esa cotidianeidad iba a quedar marcada por lo extraordinario. Ya no será un simple 29 de enero, será el 29 de enero. El comienzo de una historia, que aunque tiene su prehistoria, ahora se torna historia.


Un día cubierto por las nubes, que dejaban asomar a un tímido sol. Unas nubes que dejaron caer el agua sobre la tierra de nuestros corazones para que la semilla del cariño consentido y comprometido pudiese agarrar y echar raíz y de esta manera pueda crecer nuestro matrimonio.


Un día de suave viento que soplaba a nuestra espalda para impulsarnos en el camino que emprendíamos. Y con esa nota de frío que nos lleva a acercarnos para darnos calor y ser, así el uno para el otro, hoguera en la que calentar cada atardecer el corazón, las manos, los pies, el alma. Calor que derrita hielos, que dilate espacios para el encuentro, que irradie y sea catalizador no solo para nosotros sino para otros que sientan frío.

Un día emotivo, grande festivo, alegre, de celebración y acción de gracias. Un día grabado en el corazón, con esa marca indeleble que supone el paso de Dios por nuestras vidas.


Y sí creo que Dios estuvo presente, muy presente. Realmente creo que la celebración fue una celebración. La liturgia, cuidada en cada uno de sus momentos, posibilitó que todos los presentes pudiésemos sentirnos familia en y de fiesta, celebrando el amor, participando, disfrutando con alegría y gratitud del e
nlace entre Manuel y yo. Miguel Ángel, el sacerdote, también hizo posible este clima, pues nos colocó a los novios y padrinos en el altar, de cara a los asistentes-testigos, para que entre todos se crease ese ambiente inclusivo y festivo.

Facilitó que los dos sacramentos que celebramos tuviesen su espacio: el matrimonio y la eucaristía. Desde aquí nuestra gratitud. Y a todos los asistentes-testigos que estuvieron allí, acompañándonos, deciros que nuestro corazón está aún emocionado por vuestro cariño. Nuestra alegría se vio colmada con la vuestra. Nos sentimos familia con el corazón vestido de fiesta.


Todos los momentos de la ceremonia: la introducción, las lecturas (Fp 4, 4-8, Salmo 23, Jn 15, 10.12-17), los ritos que comprenden el matrimonio: escrutinio, consentimiento, bendición y entrega de los anillos, bendición y entrega de las arras, bendición nupcial; el sacramento de la eucaristía: las peticiones, las ofrendas, la comunión, los agradecimientos… todo fue espacio y lugar de encuentro, de participación, de acción de gracias y expresión del cariño y la alegría. Es como si la caricia del Espíritu hubiese llenado de magia ese momento y todos salimos de allí con el corazón encendido podría decirse, salvando las distancias, que al igual que los discípulos de Emaus que reconocieron a Jesús al partir el pan, nosotros también le reconocimos a lo largo de toda la ceremonia.

Después nos fuimos a brindar todos juntos por la felicidad y la alegría, con el corazón asombrado y emocionado, alzamos la copa y sonreímos pletóricos.


Gracias por escucharnos y dedicarnos este espacio de encuentro.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Vemos de nuevo a Jesús


Otro año más que volvemos a ver a JESUS... como siempre, entre pajas, con estrella de colores, guirnaldas y hasta nieve, pero quizás lo veamos de una manera distinta de otros años… ¡con lo que está cayendo!... Recordemos lo que nos ha dicho el Papa en el mensaje del DOMUND: “Los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes, no solo que hablen de Jesús, sino que hagan ver a Jesús; que hagan resplandecer el rostro del Redentor en cada ángulo de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio, ante los jóvenes de todos los continentes”…

El Papa subraya la importancia de la visibilidad del mensaje de Cristo: “Hacer ver a Jesús” con gestos concretos de amor. El horizonte de la misión es el mundo entero. El mundo de los hombres que llevan en su corazón la aspiración a una vida auténtica, aún sin saberlo.


Es a esta humanidad la que Cristo quiere salvar y recrear. La Iglesia desde el Evangelio está llamada a impulsar un humanismo nuevo, ya que muchos hombres y mujeres, niños y jóvenes quieren ver a Jesús.


Debemos caer en la cuenta de la importancia que tiene hoy la visibilidad de Jesús, como insiste el Papa: “hacer ver a Jesús con gestos concretos de amor y solidaridad.”


Ya nos han oído hablar mucho de El, y ahora tenemos que “hacerlo ver”. El horizonte de esta tarea es el mundo entero y así lo han entendido nuestr@s misioner@s que conocen bien el mundo de los hombres que llevan en su corazón el deseo de una vida autentica. Y ell@s allí donde están y nosotr@s aquí, en esta sociedad primer mundista y multiétnica que cada vez mas experimenta soledad e indiferencia debemos aprender a convertirnos y hacer del planeta la casa de todos los pueblos.


Y ésta fue la tarea de Jesús y así tenemos que hacerlo ver nosotr@s. Fue Luz… Vida… Camino… Amor… Hermano… El soñador de esta fraternidad universal por la que debemos luchar nosotr@s, siendo luz, vida, camino, amor, herman@... No es este un camino fácil, pues la historia de Jesús está llena de dificultades y luchas y hemos de estar atent@s a:


— No ser ingenuos, pues en tiempo de crisis, desconcierto y confusión no debemos dejarnos engañar.


— No al triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandeza, tan opuesto al espíritu de Jesús.


— Que es la hora del testimonio, hora de reavivar en nosotr@s la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de este Maestro a quien la gente quiere ver.


— Tiempo también de paciencia. Seamos pacientes y tenaces sin perder la calma ni la lucidez que nos viene de quien dijo en su Evangelio “Yo soy la Luz y el que me sigue, no va en tinieblas”.

Esta Luz que vieron los Magos y los Pastores, luz que ilumina también al Niño en las pajas y queremos que vean los hombres y mujeres, niños y jóvenes que aún no le conocen.

Un acontecimiento que marcó a la comunidad

Makenga con su gran amigo Muyombo

R.D. del Congo, Banga.


Fue en el mes de marzo cuando diagnosticaron diabetes a un joven de 18 años llamado Makenga, en el centro de salud de Banga, donde nuestra hermana Liliane Massa es responsable. Makenga era un muchacho conocido de todas las hermanas que han pasado por esta misión, desde pequeño ha sido muy enfermizo y es gracias a la ayuda de ellas que ha podido llegar hasta esta edad.

En el momento que le diagnosticaron el azúcar era superior a 700 y se necesitaba darle la insulina. Dado el medio donde nos encontramos, en esta misión tan lejana, no había insulina en el centro de salud, y los enfermeros tuvieron que darle gliben, un medicamento similar para aliviarle un poco.

Pero en Banga como en otros pueblos de África, la creencia en la brujería y la medicina tradicional tienen mas peso que cualquier otro tratamiento.

Una vez que su familia supo que se trataba de la diabetes, le cortaron el tratamiento que estaba recibiendo en el centro y se lo llevaron a escondidas a un curandero, mientras los enfermeros, las hermanas y los sacerdotes de la parroquia buscaban por todos los medios la forma de conseguir la insulina. Allí donde fue, el curandero le cambio el régimen alimentario, le daban de comer lo que no era adecuado para su enfermedad. Una vez que se empeoró su estado lo llevaron corriendo a nuestro centro de salud, pero ya era tarde, no había nada que hacer. Entró inmediatamente en coma, y murió.

ABANDONO

Al morir toda la gente del pueblo lo abandonó diciendo que había muerto de una enfermedad contagiosa, por lo tanto, había que enterrarle el mismo día sin llevarlo al pueblo para el duelo, lejos del cementerio donde entierran a toda la gente, en un campo desconocido donde la gente no pueda tener contacto con él.


En medio de todo este jaleo su hermano mayor vino a vernos y nos comentó todo lo que la gente decía. Fuimos con los dos sacerdotes a ver a los dos más viejos del lugar que se oponían a que se lo llevaran al pueblo. Los dos con una sola voz nos dijeron “Miren, según nuestra costumbre, personas que mueren con esta enfermedad no tienen derecho de ser enterrados con los demás difuntos ni los aceptamos, así que háganse ustedes cargo del muerto. Nosotras en contra de esta costumbre, decidimos llevarlo a la Iglesia para el velorio, lo triste fue cuando llegamos allí y vimos a toda la gente del pueblo alejados y encima murmurando que no querían entrar en la Iglesia.


Cuando la gente vio a los alumnos de las escuelas cantando y rezando junto a nosotras, poco a poco comenzaron a entrar y en un momento la Iglesia se lleno de gente de toda clase.


Al día siguiente organizamos la misa para el funeral, los alumnos prepararon los cantos

para una misa de acción de gracias y al salir de misa para dirigirnos al cementerio del pueblo, un señor nos vino a decir que ni se nos ocurriera llevarlo allí, que buscásemos otro sitio, y decidimos llevarlo a donde se entierran a los que mueren en nuestro centro de salud que no son de este pueblo.

FUE ENTERRADO CON HONOR

Decimos que Makenga era un buen cristiano, ferviente acólito de misa. Ha muerto tal como había vivido, humilde, sencillo, olvidado y abandonado, pero llorado y enterrado con honor. Makenga es un santo como decían en los testimonios los sacerdotes de la misión, las hermanas, sus amigos de las escuelas y sus profesores.


El hecho de hacer frente a las creencias que esclavizan y destruyan a las personas, ha sido un testimonio para nuestra gente, sobre todo para su familia. El gesto tan sencillo de hacernos cargo de Makenga -que hemos hecho juntos los responsables de la parroquia- pese a las costumbres, ha permitido a uno de sus hermanos reintegrarse de nuevo a la Iglesia Católica junto con toda su familia, dejando así la secta donde la familia rezaba.


ÉL nos vino a decir “Hermanas ustedes son mujeres de Dios que transmiten el verdadero amor, personas que no tienen miedo a denunciar el mal que hay en las costumbres”. En realidad solo hicimos lo que pensamos que era digno, justo y necesario para nuestro amigo, hermano Makenga. Que su alma descanse en paz.


Con cariño nos despedimos,


Liliane Massa , Marie Louise Eteke y Adeline Iwangomo

La convivencia con Álvaro Ginel


Recogí a Álvaro para estar pronto en casa de las hermanas. Misión Compartida tiene convivencia. Es un día importante. Tenemos toda la mañana para que Álvaro nos acompañe y nos enseñe lo que en este día nos va a decir el Evangelio.

Se unen a nosotras otras hermanas. Esto enriquecerá la experiencia. Álvaro nos propone trabajar con la Lectio Divina el Evangelio de la samaritana.(Jn. 4, 5-42) Nos explica los pasos. Nos da papeles. El gran descubrimiento es que hay otra manera de orar, desgranando cada palabra del texto para encontrar toda su riqueza y su potencial. ¡Qué descubrimiento! Un texto tan conocido y a la vez tan desconocido. Es la primera parte de la Lectio Divina.: su lectura reposada…

No hay mucho tiempo, la mañana se pasa volando pero vamos descubriendo en cada palabra el compromiso al que nos lleva, y la meditación que genera dentro de nosotras…

Acabamos con la Eucaristía haciendo en ella la oración y la contemplación, son los dos últimos pasos de la Lectio Divina. ¡Que gran privilegio celebrar de esta manera! Casi podemos palpar que Jesús nos pide agua para beber y nos devuelve agua de vida para que tengamos vida en abundancia…

Ahora queda el rezo reposado que nos haga seguir encontrando el agua viva que nos recuerda cada día nuestro compromiso allí donde se nos necesita…

Mari Carmen Cirujano
Misión Compartida

martes, 26 de octubre de 2010

La crisis y los cristianos




¡Nos ha tocado! No la hemos buscado nosotros y les ha tocado también a mucha gente no solo en España, sino del mundo entero. A unos más que a otros, es verdad, pero a todos toca algo.

¿Cuántas veces hemos escuchado la palabrita crisis?. En la prensa, en la televisión, en tertulias… La palabra esta de moda y aunque hay crisis muy variadas, la que más suena es la crisis económica. No hay dinero, esto es todo, pero tampoco hay valores, los que han hecho felices a tantos hombres y mujeres, de generaciones pasadas: la amistad, la honradez, la capacidad de saber esperar.

No recuerdo dónde lo he leído hace unos pocos días: “Las crisis no se eligen pero lo que sí se puede elegir es la manera de vivirlas y superarlas.”. En esto si que hemos de ser todos protagonistas, porque es problema de todos, no es cuestión de culpar a nadie ni de criticar. Hemos de aceptar lo que hay y de no vivirla de una forma pasiva como si no fuera con nosotros, los cristianos. No podemos mirar a otro lado ¿A donde hemos de mirar? Pues a quien sino a Jesús. Porque en su tiempo también había crisis: Los romanos, la lepra, la esclavitud etc….

Él las vivió en actividad, liberando, curando, consolando y denunciando. Porque había causas, causantes y victimas. Nosotros podemos hacer cosas grandes y pequeñas, como pequeña fue la limosna de la viuda, que dio todo lo que tenia, que era bien poco. Pero Jesús lo valoró. Él animó a compartir y a amar. Sabemos que hoy también hay gente que comparte. Decide cobrar menos para que nadie de la empresa deje de trabajar.

¡Cuántos ejemplos habrá que ignoramos, porque lo bello y hermoso no sale en los medios de comunicación! Esperemos con el máximo optimismo posible la salida de la crisis. Porque hemos de salir, como hemos salido otras veces de momentos difíciles.

Saber esperar con paciencia sin que nuestra negatividad y egoísmo, hagan más difícil esta situación. Que no hemos elegido pero elegimos la mejor manera de sufrirla.

J. Nieto

Cómo afrontamos la crisis en los países donde estamos


Al empezar nuestras misiones, siempre nos ha movido el deseo de compartir lo mejor de nosotras con los pueblos a los que llegamos. Santa Rita de Castilla ubicada en la Selva Loretana (Perú), en el río Marañón, fue uno de ellos. Empezamos la misión con una comunidad de P. Agustinos, con los que proyectamos el compartir nuestras valores con los hermanos nativos. Queríamos vivir y comunicar lo mejor que teníamos para mejorar sus vidas.

Tomamos como prioritario la salud de la zona, y se emplearon distintos métodos: atendiendo en un dispensario donde afluía la gente con toda clase de dolencias; desplazándonos por los ríos y los poblados más lejanos para que a todos les llegase la ayuda, logrando de esta manera que disminuyera la mortalidad infantil e incluso llegar a erradicar ciertas epidemias como la del sarampión que se llevaba por delante familias y comunidades enteras, facilitándoles las vacunas; pasando los años se modificó el método y sin dejar nosotros, de ir a los caseríos para atenderles los dispensarios se cambiaron en centros de capacitación sanitaria, para que ellos fueran los propios agentes de cambio y se convirtieron en responsables directos en el campo de salud; de ahí surgieron promotores de salud, botiquines comunales, las parteras empíricas y tradicionales, las movilizadoras.

Éstas dos últimas cuidan del binomio madre-niño, velando por la higiene y alimentación de ambos.

Con ello se ha logrado erradicar la muerte por tétanos neonatorum al atender debidamente el parto y controlar los embarazos recibieron la atención adecuada.

De esta manera recibían las instrucciones que a los agentes de salud se les imparten. Se está logrando la salud en todos los ámbitos Sobre todo de la mujer y del niño.


El resultado de este trabajo fue reconocido después de muchos años. Nos lo cuenta la hermana Rosa Pérez.

Carta de Rosa Pérez

Hermanas queridas hoy me pongo en comunicación con todas ustedes, para compartirles algo de lo que hemos vivido este último tiempo en cuanto al trabajo de salud. Hace más o menos un mes, que nos llamaron de la ciudad de Iquitos de la DIRESA (Dirección Regional de Salud), para que fuésemos la enfermera de la parroquia y yo, para tomar parte en un homenaje de reconocimiento por parte del MINSA (Ministerio de Salud) y del Gobierno Regional, a un grupo de Agentes Comunitarios de Salud (Promotores de Salud), en representación de todos los de la Región Loreto. Querían nuestra presencia, para que compartiésemos con ellos el trabajo, que desde hace unos años, venimos realizando con UNICEF, en ella hemos tomado parte la Parroquia, los Agentes comunitarios (promotores de salud, movilizadoras, parteras y autoridades locales) y las comunidades, donde se ha realizado este proyecto.

Desde hace un tiempo, este proyecto fue evaluado, no sólo por el MINSA, sino también por otras instituciones y fue presentado en Lima, por este Ministerio, considerándola como una experiencia exitosa.

Aquí en Iquitos, la directora de la DIRESA conocía este proyecto, además de algunas enfermeras. Pero el que más empuje dio fue el Dr. Hugo Rodríguez, que tanto nos quiere y sabe del trabajo que venimos realizando, él era uno de los encargados de organizar este evento.

Nos pidió nuestra participación, para dar a conocer esta experiencia y que podría ser válida para otros. Con su ayuda y la de otros que tuvieron a bien echarnos una mano, preparamos la exposición y para lo que contamos con unas fotos preciosas. Creo logramos que el público viese como el trabajar unidos puede dar sus frutos.

UNICEF, quiso que este proyecto se llamara, “Buen Inicio”, por que lo que se quería lograr, es que el mayor número de niños tuviesen asegurado un buen inicio en sus vidas y a ser posible los tres primeros años, para esto se trabajó, desde el principio, no sólo con los agentes de salud, sino también con las comunidades y poco a poco se fue logrando que disminuyera la desnutrición y la anemia, tanto en las gestantes así como en la mayoría de niños.

Para ello a lo largo de estos años UNICEF, nos ayudó con personal capacitado, con recursos materiales y económicos y por nuestra parte la Parroquia aportó la experiencia de tantos años de capacitación y formación a los agentes comunitarios y a las comunidades.

Antes de esta presentación se hizo memoria de todas las personas que por muchos años fueron los formador@s y pioner@s de la defensa de la vida en nuestra Amazonía: Las hermanas Gaetana, Nora, Blandini, Sagrario, María Perfecta, Gertrudis y todas nosotras que hemos trabajado en salud.

Demos gracias a Dios porque algo de lo que tantos hemos sembrado, está dando su fruto. Y este fruto es ver que gran parte de nuestros niños, nazcan y crezcan con salud. Que nuestro Padre nos ayude para que sigamos dando lo mejor que podamos en esta gran tarea de afianzar su Reino y ayudar a que todos tengan vida y esta en abundancia.

Un abrazo y mi cariño.

Mª Rosa Pérez Lance

La crisis en la que sólo se oye llorar a los países desarrollados

Decía una famosita en televisión que la crisis actual afecta más a los ricos “ya que los pobres, están acostumbrados”. Los expertos aseguran que los maravillosos principios económicos que nos han llevado a esta situación, lejos de cambiar se van a recrudecer. Y eso es lo que hay y habrá por el bien de la economía mundial. Perdiendo siempre los mismos, los que no la causaron.

En la Compañía Misionera parece ser que no somos ni ricos ni expertos; ya que pensamos que los pobres sufren más y peor los efectos de la crisis. Y creemos que es posible que los principios económicos sean guiados por principios éticos, con un objetivo: el bien común.

Además de pensar, procuramos hacer: Intentamos minimizar los efectos del despiadado deterioro ambiental causado por las petroleras, en pos de obtener rápidos beneficios y que afectan directamente a la salud. Con las aportaciones recogidas en el mercadillo, conseguimos que varias familias pudieran alimentarse gracias a las Piscigranjas. Evitando así tener que consumir peces envenenados de los ríos contaminados en los que tenían que pescar.

Creemos en los beneficios “económicos” de la educación. Dotando de recursos materiales al “Proyecto Centro Técnico Productivo” CETPRO de Huampami (Sta María del Nieva) Gracias a las ventas del mercadillo, conseguimos que todos los alumnos dispusieran de un serrucho cada uno para su taller de carpintería. Invertir en educación profesional es asegurar un futuro mejor.

Conectamos economías convirtiendo a cada persona que compra una de las mantelerías bordadas a mano, en socios inversores del proyecto de Taza (Marruecos). En el cual las mujeres reciben formación a través del taller de costura, así como educación básica, siendo capaces de gestionar ellas mismas su producto, las mantelerías. Mejorando la situación económica de sus familias, impulsando mujeres empresarias en un mundo de hombres.

Aportamos formación especializada, gracias al acuerdo de colaboración con la Universidad de Alcalá, por el cual estudiantes y profesionales fisioterapeutas van a formar a las hermanas y voluntarios en el centro de discapacitados físicos y psíquicos en Marruecos, promoviendo los cuidados básicos y la rehabilitación de los internos. Mejorando su calidad de vida y su dignidad como personas.

Así que lo sentimos por los ricos y expertos, pero por nuestra parte esto es lo que hay y lo que habrá: ganas de trabajar, ideas que desarrollar y mucho, mucho amor como nuestro principal capital.

Beatriz Corces (Misionera laica de la Compañía Misionera)

viernes, 16 de abril de 2010

Sueños que se hacen realidad



¿Qué somos? ¿Te has preguntado esto alguna vez? ¿Somos seres creados con un destino determinado que se cumple inexorablemente? ¿Criaturas cuyas vidas están intervenidas siempre por un dios que premia y castiga? ¡No, por favor! ¡No somos eso!. Así lo piensan muchos cristianos cuando usan, con muy buena fe, la expresión “voluntad de Dios”. ¿Cómo va a ser voluntad de Dios que un ladrón entre en mi casa, me robe y maltrate para ello? ¿Era el destino de ese hombre ser ladrón?

Encontraremos montones de ejemplos a los que el sentido común ya nos dice que la cosa no va por ahí. Esto no es voluntad de Dios. ¡No y mil veces no…! Dios no es el intervencionista que juega con nuestras vidas. Lo que sí es, es el Padre de todos, que tiene un sueño, el sueño de que seamos felices, muy felices, y que hagamos felices a los que podamos. Este sueño de Dios está muy dentro de nuestro ser; todos deseamos ser felices…todos deseamos hacer y ser alguien.

La mujer que en su infancia acurruca con cariño en sus brazos a su muñeca sueña con ser madre y el niño que da patadas a una pelota, quizás hecha por él, con trapos viejos, sueña con ser un Casillas… Y es que todos nacemos para hacer algo, para ser co-creadores con Él, creando con lo que Él ha creado de la nada: poesía, belleza, bondad, amor… ¡Y cuántas cosas creadas por el hombre nos hacen felices! Sinfonías, pinturas, esculturas, poesías… Y con el amor, ¿qué hacemos con el amor? Mancharlo, envilecerlo, pisotearlo cuando se llama amor a lo que no es; pero cuando surge el verdadero amor, un hombre y una mujer “cocrean” con Dios una familia feliz, donde hay hijos que a veces hacen llorar y muchas otras hacen reír y alegrarse.

¿De dónde viene todo esto? Mirad, Dios es tan fino, respeta tanto nuestra libertad, esa misma libertad que Él nos ha regalado, que sólo llama: “Si quieres”.

Y si queremos, si aceptamos su sueño, si lo hacemos nuestro, entonces surge en el mundo el científico, el pintor, la doctora, la madre y el padre…, misioneros y misioneras; laicos y laicas comprometidos…

Todo esto es vocación, llamada. Todos los llamados debemos unirnos para que este mundo que habitamos sea cada día más bello, donde todos vivamos felices.

Ése es el sueño hecho realidad, ese sueño de Dios que es su voluntad.

¡Que seamos felices!


Pasos buscando la meta







Primera profesión religiosa de Gema Pérez en Canillejas, Madrid

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28)

El pasado 27 de febrero de 2010, en la parroquia Nuestra Señora del Camino, en Madrid, España, realicé mi primera profesión religiosa, en presencia de mi familia, hermanas de la Congregación, algunos amigos y la comunidad de Canillejas.

Fue una ceremonia emotiva y cuidada, sencilla, donde toda mi comunidad participó, tanto en los preparativos como en la ceremonia, también algunas hermanas de la congregación y laicos de la parroquia y de la Compañía.
Entrando en la Iglesia se podía ver ya de lejos la cartelera con las palabras que encabezan este artículo: “Alégrate…” y pintada una mujer, en actitud de alabanza, dando gracias a Dios de antemano por tanto don y tanto bien recibido.
Empezamos cantando Alma Misionera, ambientando el momento y la vocación específicamente misionera que se iba a consagrar a Dios. Tras una monición de entrada de manos de nuestra superiora general, invocamos al Espíritu Santo, al que siempre está dentro de cada uno esperando a que lo llamemos. Y realmente se fue haciendo presente el
Espíritu, envolviendo toda la ceremonia y llenándola de un silencio respetuoso y elocuente donde se captaba la atención de los presentes casi en cada palabra que se pronunciaba, en cada acto.

Las canciones, las lecturas y toda la ceremonia en sí va entrando en mi propia vida, recogiendo, de diferentes maneras, los lugares donde he estado de misión: Colombia, Haití…Lugares que no se pueden separar de tantas personas, que de una manera u otra, consciente o inconscientemente, han sido posibilidad y ayuda, luz en mi camino.
Avanza la ceremonia y vamos entrando en la liturgia de la palabra. Se habla del silencio, un silencio que ya es manifiesto a estas alturas de la celebración; y de la Palabra que requiere ser escuchada para poder ser obedecida. La palabra pronunciada en lo profundo del corazón, donde habita Dios. Las lecturas expresan el deseo de la escucha y de la respuesta al Señor, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas: en todas las dimensiones de la persona. Y a través de las lecturas, las moniciones y los símbolos, se va desgranando el sentido de la consagración.

Con del salmo 138 se proclama un sueño: llegar a ser un anawin, alguien que quiere vivir completamente abandonada en Dios escuchando el susurro de su voluntad pronunciada en el corazón. Este deseo culmina en la lectura de la poesía de Santa Teresa, “Vuestra soy, para vos nací”: no importa lo que pueda venir en la vida, mi deseo es entregarla por completo a Ti, Señor.
Todo está caminando hacia el momento de la entrega, de la consagración, como María, modelo de vocación. En María se recoge la anawin por excelencia, la totalmente abierta a la escucha, la que deja abiertas las puertas de su casa permitiendo que el Señor se mueva libremente por ella, la que se relaciona con Dios, la que es capaz de amar hasta las últimas consecuencias, dejándose cubrir por el Espíritu que va gestando la Vida en ella, cada día de su vida. Desde dentro y desde abajo, desde lo más profundo de sí misma y desde su sencillez, da su respuesta. Y es desde su vocación desde donde quiero dar yo misma mi respuesta.

Las Peticiones, las ofrendas, todo preparado con tremendo cariño, cuidando el momento que no sólo yo vivo, sino todos los presentes. Los símbolos se van sucediendo y recogen mi vida: el Sagrado Corazón, Santa Teresa, San Ignacio y nuestras Constituciones; Haití: el amor y deseo de entrega en la misión. Mi familia: mis tres sobrinas llevando objetos muy característicos míos: la música, la literatura, la naturaleza; mi hermana y mi cuñada, el pan que será consagrado.
Y llega el momento de la Profesión, en medio de un silencio que se puede palpar contengo la emoción y recito la fórmula: “Señor Dios y Padre nuestro…” por medio de la que formalizo mi consagración. “Amar es entregarse y darse uno mismo”; esta canción se va repitiendo poniendo palabras a la propia entrega: con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Oración y Presencia, adoración y entrega. Celebración. Acción de gracias.

Se siguen sucediendo los símbolos y toda la celebración queda impregnada de nuestro ser específicamente misionero: Asia, América, África… “Abarca con tu corazón el mundo entero, que es preciso ganarlo a fuerza de amor…”.
Doy gracias a Dios por tantas personas y acontecimientos que ha puesto en mi vida, hasta lograr alcanzar el principio de un sueño: vivir mi vocación misionera como consagrada en La Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús.

Gema Pérez Jover





Carta de Leydi



Llevo varios años conviviendo con las hermanas en Colombia, donde he vivido diferentes experiencias que me han llevado a dar este paso importante en mi vida. Empieza un año nuevo y en un mundo nuevo para mí, al estar en otro país: España. Vengo de Colombia para hacer mi noviciado en la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. Con esto quiero dar un sentido nuevo a mi vida al lado de Jesús. Con esta motivación que nace de lo más profundo de mi corazón, hice mi entrada al Noviciado el 23 de Enero. Este día para mí estuvo lleno de emociones y de experiencias muy bonitas, con
sentimientos de alegría y, al mismo tiempo con nerviosismo. Ese día puse del todo mi confianza en Jesucristo, a través de mi consagración a su corazón:

“Señor Jesús, yo me consagro a tu Corazón en la Compañía Misionera, con el inmenso deseo de experimentar y profundizar en el amor que tú tienes a los hombres y mujeres. Que pueda responder con mi consagración a los deseos de tu corazón, con una entrega incondicional a tu amor. Que este tiempo sea para mí un camino de seguimiento a Jesucristo, guiada por tu Espíritu. Enséñame a ver, a percibir y a reconocer tu presencia en mi vida y sumergida en la realidad. Que sienta que no voy sola, que realmente tú caminas conmigo y me acompañas siempre. Que la iniciativa es tuya, pero que de mi depende la motivación y la realización de mi vocación. Yo siento que este es un SÍ que abre para mí muchas puertas: la de hacer un camino con Cristo, la de una Comunidad que me acoge con mucho cariño,
y me de la oportunidad de que haga en mi vida una experiencia del seguimiento de Jesús, insertada en el Espíritu y Carisma de la congregación.”

Dentro de la celebración escogí el texto de Mc 3,13-15 (“Subió al monte, llamó a los que él quiso, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar”), porque encuentro en él algo muy fundamental para hacer ese camino de seguimiento de Jesús.
Ofrezco al Señor, mi pequeño esfuerzo por ir construyendo poco a poco una familia, una comunidad, un ambiente más humano, un mundo mejor, más unido, y el deseo de poner en práctica todos juntos el mensaje de Jesús.

Leydi Cuéllar Arboleda (Novicia)





Carta de Marta

Marta Iturralde ha pasado dos años en diferentes lugares de la selva peruana, viviendo como misionera con las hermanas. Inició su Noviciado en La Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús el 4 de octubre de 2009.


“Mucha gente se pregunta cómo es un día de un misionero, cuál es el horario o cosas así, como yo misma me preguntaba. Y después de haber tenido la experiencia, sigo sin tener la respuesta. La vida en la misión no se puede describir con mucha concreción, pero lo que sí he descubierto es que es una vida en que te vacías de ti completamente, dejas de mirarte a ti para mirar a tu alrededor, con una actitud disponible, viviendo el día a día, compartiendo las alegrías y también los sufrimientos, y con una alegría que inunda tu ser, por sentir a Dios que acompaña, que guía, que se hace presente en medio de la vida.


Si ahora pienso en ese tiempo, lo recorro, me despierta varias cosas que podrían describir lo vivido: alegría, agradecimiento, sorpresa, descubrimiento, novedad, servicio, Presencia de Dios, Fe, sentido de la vida, dejarse hacer, adaptación, familia, fraternidad, amistad, amor, cariño, providencia, compartir, desprendimiento, acogida, apertura, diversidad, presencia, Espíritu de Dios… Cada una de estas cosas va ligada a una vivencia concreta, pero también la experiencia en su conjunto me deja todas esas sensaciones.

Para mi lo más grande ha sido descubrir el sentido de la vida, de mi vida, en esta vida sencilla, a disposición de, al servicio de; descubrir la llamada del Señor a esta vida, de una manera concreta, haciéndomela vivir y gustar, y descubrir cómo es posible, cómo él da su Espíritu para vivirlo, y se hace presente en cada persona, en la vida. ¡Te doy gracias, Señor!

Marta Iturralde Renau (Novicia)


Agradecimientos

Algo que quizás no se ha dicho en todo este boom de noticias y acontecimientos de Haití es el saber agradecer de los haitianos. Desde la experiencia de quienes hemos podido compartir nuestra vida con los haitianos coincidimos en su capacidad de reconocer en quienes hemos sido mediación para ellos la presencia de Dios: el haitiano, al recibir ayuda, eleva sus brazos y su mirada al cielo y da gracias a Dios por lo que le está regalando a través de la persona que tiene delante.

Del mismo modo y en nombre de todos los que se puedan beneficiar, agradecemos a Dios por tantas colaboraciones que hemos recibido en La Compañía ante la desgracia del pueblo haitiano. Gracias, Señor, por actuar a través de tanta gente, por hacerte presente en cada uno de ellos.

Al marcharse las instituciones gubernamentales y al dejar de ser noticia de actualidad empieza nuestro trabajo, el de los misioneros y misioneras, y el de quienes nos ayudáis en nuestra labor en la distancia y en el anonimato, trabajo ya silencioso, callado, compartiendo la vida, caminando junto a ellos, y desde el que intentaremos responder a las necesidades que se vayan encontrando.


Hacia la fraternidad universal


Hace algún tiempo el grupo de laicos de la Compañía de Colombia, nos escribió una carta, con la idea de compartir con nosotros, el ideal, en busca de la fraternidad universal. Nos parece una idea muy buena. Hoy en respuesta a esa iniciativa suya, aprovechamos este espacio del Puente Misionero para comunicarnos con ellos:

“Madrid, 13 de marzo de 2010.

Queridos amigos del grupo de laicos y laicas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús de Medellín-Colombia,

Hoy aquí celebramos el día de la Compañía Misionera Después de un proceso de formación y búsqueda de nuestra identidad ya podemos decir que nos sentimos en ese camino en común con vosotros.


Somos un grupo de personas de muy diferentes orígenes, procesos de formación y edades, por ello la necesidad de hacer un proceso más largo, pero que si nos sentimos una pequeña porción de Iglesia, convocada y atraída por el calor de un amor que llena y da sentido a nuestra vida; es el quien hace de nuestra historia sencilla y cotidiana una historia de amor única, es un amor que nos transforma y nos hace vivir alegres y agradecidas.


Este amor que nos da sentido y vida, es el que nos mueve a querer como estamos siendo queridas, y a cuidar y velar de tantos, especialmente de quienes viven hoy en las orillas del mundo y que piden pan, justicia y ternura.


A pesar de la tardanza en responderos, esperamos que siga en pie la invitación a formar parte de la gran familia de laicos y laicas de la Compañía Misionera y así poder acompañarnos en este camino de búsqueda en común del proyecto que Jesús tiene para nuestras vidas y para la construcción de un mundo un poco mejor.


Gracias por la espera paciente y un cordial saludo de “Misión Compartida de España”


viernes, 4 de diciembre de 2009

¿Es buena noticia hoy?


Esta noticia que nos trae el Puente Misionero, no aparecerá como hecho interesante en los medios de comunicación. La televisión no presentará ni hará propaganda de lo bueno que llegó a la tierra hace XXI siglos y que recordamos cada año por estas fechas.

Las calles volverán a iluminarse de colores; los escaparates explotarán de regalos y golosinas que no podrán hace suyos ni los parados, ni las esposas de los parados ni los hijos de los parados, ni los que viven sin techo.


La música y el parpadeo de los fluorescentes no alegrarán los corazones de muchos. Pero nosotras queremos dar LA MEJOR NOTICIA la del nacimiento del Hijo de Dios que se hizo carne en las entrañas de María.


Dice José Antonio Pagola en su libro “Jesús Histórico” que la llegada de Dios es algo bueno. Es bueno para nosotros que Dios se acerque. No viene a defender sus derechos y a tomarnos cuenta si no cumplimos sus mandatos. No llega para imponer su dominio religioso: llega para otra cosa, porque lo que le preocupa a Dios es liberar a los hombres y mujeres de cuanto los deshumaniza y les hace sufrir.


Es por eso que cuando Juan envió a sus discípulos a preguntar a Jesús si era El que había de venir, o debían esperar a otro, Jesús respondió: “Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva”. (Mt. 11. 3-5).


Y cuando Jesús envió a sus discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y dolencia.


El mensaje de Jesús impresionó desde el principio a sus conciudadanos, porque en El, Dios se preocupaba por ellos. Dios no se hace hombre para destruir a los romanos ni aniquilar a los pecadores. Viene para liberar a todos del poder último del mal.


Y Dios está en nuestra Historia: actúa en ella a través de los hombres y mujeres que se comprometen con EL, los ciegos ven, los cojos andan y el mensaje de estos hombres y mujeres que es el mensaje de Jesús, genera una alegría grande entre los pobres y los sencillos, gente sin prestigio, sin seguridad material pero se saben hijos amados por Dios. Jesús felicita a sus seguidores porque están experimentando junto a Él lo que tantos personajes grandes de Israel esperaron pero nunca llegaron a conocer: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis.” Porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver, pero no lo vieron y oír lo que vosotros oísteis pero no lo oyeron.”


Y nosotros que hemos oído “Os ha nacido un Salvador id y lo veréis”¿Qué hacemos para transmitir esta BUENA NOTICIA en el entorno en que nos movemos? ¿Cómo reconocemos los malos espíritus para expulsarlos? ¿Cómo abrimos los ojos de los ciegos? ¿Qué pobres tenemos a nuestro alrededor con los que podemos ser solidarios? ¿Qué dolor humano podemos sanar?


Solo si utilizamos el poder de Jesús para luchar contra el mal y salvar lo que haya deshumanizado a nuestro alrededor, estaremos dando la BUENA NUEVA a los demás.


Equipo de Redacción

Desde Surat nos llega este relato que nos trae dos buenas noticias

El amor del Esposo de Rupa que fue auténtico hacia ella, generoso, tierno y fiel hasta la muerte. El ejemplo que nos da Hermana Mary, en primer lugar para el matrimonio y para todos nosotros, contemplando arrodillada, ante unos pies sucios y deshechos por la enfermedad, al propio Jesucristo.


Experiencia del amor incondicional de Dios

La espiritualidad de la Compañía está basada en la experiencia del Amor incondicional de Dios hecho carne en el amor humano de Jesús. En el número 4 de nuestras Constituciones se nos dice que es un “Amor que nos compromete igualmente con la realidad en que vivimos, y nos lleva a restablecer las relaciones de amor y de justicia exigida por la igualdad fundamental de todos (los hombres) ante Dios, como hijos en el Hijo, haciendo posible la fraternidad universal propia del Reino”.

Nunca pensé que un día este artículo que está en nuestras Constituciones, citado en nuestras conferencias y documentos, me iba a ser enseñado a ser vivido concretamente, de la mano de un pobre mendigo leproso.

Aquella mañana mi meditación se había centrado en la reflexión de “Jesús lavando los pies de Pedro” y la pregunta que me suscitó: ¿Dónde se encuentra Jesús? La respuesta fue “arrodillado frente a sus pies sucios”.

Era en la Leprosería de Surat (India), un día normal. Un día normal empieza a las ocho de la mañana distribuyendo a cada uno de los enfermos su medicina y después hacemos las curas en el dispensario que suelen terminar cerca de las 12 de la mañana. Las mujeres, pacientes que me ayudan en las curas, después que todos los enfermos se han ido, limpian el recinto, lo cierran y se van a comer.

GRAN TERNURA
Justo cuando todo ya estaba limpio y cerrado, apareció una pareja de ancianos para las curas. El hombre que me ayuda en el dispensario no quería dejarlos entrar, por que venían tarde y fuera del horario. Fui inmediatamente a ver lo que pasaba. La mujer estaba muy demacrada y el hombre muy anciano, la bajaba del triciclo rickshaw en sus brazos. La pierna de la mujer era totalmente una herida infectada que olía mal.


Miré a la mujer. . . era una miseria, delgadísima, no tenía manos, la enfermedad se las había destruido hasta las muñecas, los dedos de los pies, y también los ojos en su cara desfigurada. No quedaba nada de esa belleza exterior, tan deseada por el mundo de hoy, pero su marido veía otra cosa. . . la miraba con ternura. Pensé. . . “Aquí está Jesús arrodillado frente a estos pies sucios. Y yo ¿Dónde estoy? ¿Puedo estar en otro sitio?”


No tuve tiempo para pensarlo. El anciano respondió a mi pregunta interior con sus ojos, implorando mi atención a la mujer. No dudé. . . yo tenía que estar allí donde están los pies sucios. Me necesitaban en este momento, no podía hacer otra cosa.


Pero eso no fue todo. El hombre era como Jesús para mí. Me dijo: “Hermana, si hospitaliza a mi mujer yo me quedo con ella para cuidarla”. Así lo hicimos.

El iba muy limpio, con barba, como un sacerdote hindú. Vivían en un suburbio habitado por enfermos de lepra. El iba a los templos para mendigar y la mujer, en un carrito de madera, mendigaba también por las calles.


POBRES Y FELICES

Me emocionó lo que dijo luego: “Hermana somos pobres y tenemos tres hijos, pero vivimos contentos. La he cuidado todos estos años curándola cada día. Yo estoy bien, no me he contagiado de la lepra. ¡ Que Dios no de esta enfermedad a nadie!”.


Se había casado con ella cuando era joven aunque ya tenía la enfermedad y estaba desfigurada.


La curé y al día siguiente llamé al médico para ver si necesitaba una amputación de la pierna. Vimos que la mujer no tenía fuerzas para resistir una operación y quedamos en curarla cada día y reforzarla con vitaminas y nutrición. . . pero no nos dio tiempo a ello. El mismo día por la tarde se fue a una vida mejor.


Me llamaron diciendo que había dejado de hablar. Cuando fui. a su cama estaba el marido a su lado, llorando y acariciándole la cabeza con las manos, hasta que murió en paz.


Estuvieron solamente un día y una noche con nosotras pero me impactó mucho el amor incondicional que él sentía por su mujer, en la manera como la cuidaba y en que aceptó su muerte con mucho dolor pero con confianza en Dios.


Mientras teníamos el cuerpo allí y la ambulancia esperando para llevarla al crematorio, todos los enfermos la acompañaban con cantos, pero él se quedó rezando en voz baja y rostro de paz.


Aquí, en este anciano, he palpado el amor incondicional que Dios nos entrega en su hijo Jesús.

Mary Depenha

Roser Reixach nos cuenta su experiencia de Misión


Si tuviese que salir corriendo y dejar mi casa ¿Qué cogería para llevar de entre todo lo que tengo? Seguramente sería difícil hacer la elección por la cantidad de cosas que poseo. Esta pregunta me la he planteado unas cuantas veces desde que regresé de mi viaje al Perú este verano, concretamente a Santa María de Nieva, lugar donde se juntan los ríos Nieva y Marañón, que más adelante desembocan en el Amazonas.

Es una zona totalmente alejada de las vías principales del comunicación del país, donde habitan los aguarunas. Ellos, habitualmente viven en una cabaña hecha de madera, cubierta de hojas de palmera, un único espacio que comparten con toda la familia y si también es necesario con los animales; gallinas, conejos, puercos. No hay más muebles ni utensilios, simplemente unos maderos que hacen de lecho, unos troncos en tierra para sentarse y unos cuantos para cocinar en el fuego que hacen allí mismo.


Estuvimos alojados en la casa que las Misioneras tienen en santa María de Nieva y vivimos en primera línea el trabajo que realizan allá donde se las necesita. Ellas comparten la vida de los aguarunas desde hace muchos años, viven sus problemas y necesidades y luchan para que sean capaces de salir adelante por sí mismos, sin ayuda externa, que saben nunca van a tener. Objetivo que todavía está muy lejano pero que hace refl exionar muchísimo, sobre todo ahora, en las fi estas de Navidad.

El año 1954 llegaron las Hermanas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, a la cual pertenece mi tía Benita Bría, y desde entonces realizan diversos programas en el área de pastoral, salud, educación y promoción de la mujer.

Los aguarunas, lo poco que tienen lo comparten y se sienten agradecidos si simplemente los visitas y escuchas. Nosotros, en esta sociedad, quizás no queremos reconocer que vamos creándonos necesidades continuamente para engrosar la noria del consumo y que, si nos diésemos cuenta de que tantos objetos no nos sirven para ser felices, aprenderíamos de los grupos humanos, como los amigos aguarunas que he tenido la suerte de conocer este verano, que para ser feliz se necesitan menos cosas superfl uas, y sí los valores de la simplicidad de vida, la acogida al que llega y el compartir lo que se tiene, que ellos viven de manera tan natural.


Roser Reixach

jueves, 3 de septiembre de 2009

Un pueblo que resurge de las cenizas

Quieren conocer el trozo del mundo donde viven nuestras hermanas, Micaela Sánchez, Carmen Cardosa, Caqui Picón y Hasumati Gamit? Ellas se fueron lejos, muy lejos. El mundo en el que viven y la tarea que realizan es lo que el Puente Misionero les quiere contar hoy.

Camboya es un pequeño país tropical, arrinconado precariamente en la península del sureste asiático, entre Tailandia, Laos, Vietnam y el mar de la China al Sur.

Rara vez en la historia humana, una nación estuvo tan metida en guerras, autogenocidios, trabajos forzados y autodestrucción como Camboya en los finales del siglo XX. Esta historia data de hace dos mil años. Entre los siglos IX y XIII (“Periodo Amgkor”) los reyes camboyanos controlaban vastas porciones de la península Indochina. Fue un periodo marcado por logros científicos, culturales y religiosos: fue “su siglo de oro”. En la mitad del siglo XIX el país fue colonizado por Francia y fue entonces parte de la Indochina Francesa. Los vietnamitas primero, y los norteamericanos después (que en 1969 la bombardearon para destruir las instalaciones militares), la destrozaron. En 1970 el ejercito norteamericano, invade Camboya matando e hiriendo a civiles y destruyendo mercados, campos de arroz y aldeas, en busca de comunistas vietnamitas. La acción militar estadounidense terminó en agosto de 1973 pero las guerras civiles continuaron.

Un movimiento comunista –el Khmer Rojo–, unido a vietnamitas declaró “el Año Cero”, es decir el comienzo de una nueva era. Y empezó un programa extremo de reconstrucción social. Para lograr estas metas Camboya fue aislada bajo un grueso velo de secreto. Las comunicaciones cortadas, las fronteras custodiadas, se acabó la mecanización y el trabajo manual reemplazó a éste, y todos los camboyanos se convirtieron en trabajadores campesinos, lo mismo hombres que mujeres o niños, trabajando 18 horas al día.

Para forjar el “Año Cero” se declaró ilegal casi todo lo que evocaba las bases culturales de Camboya. En la mayoría de los casos la familia perdía todo contacto y los niños vivían separados de sus padres.

Lo que está infectado debe ser extraído, es la filosofía para la purificación social: los menos “puros” que los campesinos eran eliminados sistemáticamente. Cualquier causa era suficiente para ser ejecutado, en presencia de los familiares que no podían llorar porque ello era cuestionar los juicios del sistema. Seguiríamos contando casos y cosas absurdas: cadáveres y tumbas comunes se dispersaban alrededor de todas las aldeas. Los camboyanos comenzaron a llamar a su tierra “Los campos de la muerte”.

Y ¿hoy qué? ¿Como sigue la historia?. En la Navidad de 1978 las fuerzas vietnamitas ayudadas por pequeño contingente de disidentes de Khmer Rojo atacaron ferozmente Phnom Pemh la capital y el 7 de enero de 1979 tomaron el control del país. El país estaba en ruinas, todo reducido a escombros, sin luz, sin comercio, sin moneda, todo había sido abolido. Los supervivientes del holocausto –murieron alrededor de 2,000.000– y con sus vidas destrozadas buscaron las fuerzas para reconstruir sus propias vidas y su nación.

Nuestra comunidad

La Compañía Misionera en Camboya esta ubicada en Poipet, en la frontera con Tailandia. Somos una comunidad de 5 hermanas: Micaela y Paqui (españolas); Hasu y Gomi (indias); y Carmen (peruana). Nuestras diferentes nacionalidades manifiestan ya nuestra universalidad cultural, eclesial y el estar llamadas a vivir en comunión para ser signo de fraternidad universal. Queremos ser testigos de la presencia de Dios y los valores del Reino para colaborar en su proyecto de Vida para este pueblo. Para poder colaborar con ese plan de Dios, tenemos que descubrir por dónde Dios le da la Vida a este pueblo, por dónde en su religión, por dónde en sus manifestaciones culturales y tradiciones, por dónde en lo que viven cada día. Por dónde…? Conscientes que no podemos hacernos cargo de esta tarea sin conocer bien su lengua y también por razones prácticas de trabajo durante este año nuestra comunidad le está dando prioridad al estudio de la lengua khmer.

Nos gustaría poder comprender mejor la manera como entienden y viven los camboyanos su religión y cómo se relacionan con lo trascendente, nos mueve el deseo de compartir la vida con ellos de una manera sencilla y fraterna. Hemos comprado un terreno en una zona cercana a la gente y tenemos el plan de construir nuestra casa y una casa de acogida para jóvenes. Ponemos en las manos de Dios nuestro objetivo de vida y misión y confiamos en que Dios nos irá guiando y mostrando el camino por dónde y cómo irlo concretizarlo.

LA COMUNIDAD CRISTIANA

La Comunidad Cristiana en Poipet es muy pequeña. Esta formada por unas 10 familias de ascendencia vietnamita y unos 12 jóvenes camboyanos que fueron bautizados en los últimos años. Con ellos y con los niños y jóvenes del internado que tienen los Don Bosco, que son unos 30, celebramos cada domingo la misa. El pequeño espacio con que contamos para la Eucaristía se queda repleto de gente. Tenemos grupos de catequesis a todos los niveles: Principiantes, para Bautismo, para Confirmación y adultos. Sin embargo somos conscientes que todavía hay una carencia de formación, por eso uno de nuestros mayores esfuerzos esta dedicado a la formación de catequistas y desde ellos a toda la comunidad cristiana.

Camboya es un país mayoritariamente Budista, para ellos nosotros los cristianos somos de la “religión extranjera”, se puede decir que nos ven como en nuestros países católicos vemos a las sectas. Los católicos en general tenemos una postura respetuosa frente a su religión, tradición y costumbres, no imponemos nada ni rechazamos lo suyo. Lo interesante es ver como cada vez son más los camboyanos que se bautizan y acogen el evangelio en sus vidas. Nuestra Iglesia les ofrece una formación en la fe, un horizonte, un camino por donde andar, viene a llenar un vacío que la religión budista a causa de tanta necesidad y pobreza no ha podido ofrecer.

Es aquí donde vemos que nuestra Iglesia tiene un desafío y a la vez una oportunidad, la de saber ser presencia de Dios, mostrar a nuestros hermanos camboyanos que en sus luchas diarias por sobrevivir y ganarse el pan de cada día no están solos, que Dios está luchando con ellos, que Dios esta dándole fuerzas y ánimo para vencer las adversidades que les toca afrontar. Que nuestro Dios no solo quiere su bienestar material, sino que quiere llegar a ser el centro de sus vidas, la fuente de Vida que sacie todo deseo y aplaque sus ansiedades, quiere ser lo que de sentido a sus vidas. Saber ser signos que muestren el rostro amoroso y cercano de Dios es nuestra tarea.

Hace poco, el 24 de mayo celebramos la Ordenación Sacerdotal de Jub, un tailandés jesuita que se ordeno en nuestra diócesis de Battambang para el servicio de los camboyanos. La gente allí reunida, unas dos mil personas, vibramos todos con la sencillez y profundidad de la celebración. La vocación de Jub nació, se fortaleció y se consolidó en Camboya, estando al servicio de ellos como voluntario reconoció la voz de Dios que lo llamaba para una consagración total a Dios y a los hermanos. Ese gran día, todos fuimos testigos de la obra que Dios hace hoy y aquí en Camboya con los que le abren el corazón.



Escolarización para los niños más pobres de Poipet (Camboya)

Una manera que hemos encontrado de mostrar el amor y la cercanía de Dios a nuestros hermanos es a través de un pequeño programa que llamamos “Niñ@s de Esperanza”. Se trata de ayudar a niñ@s de familias pobres y necesitadas para que vayan a la escuela. Les facilitamos los útiles escolares y les damos un aporte mensual en arroz, sardinas y útiles de aseo personal. La falta de escolarización es una de las mayores necesidades que encontramos en Poipet. Lo común es encontrar niños y niñas entre 9 y 15 años trabajando para ayudar a sus familias, o que son ellos los encargados de cuidar a sus hermanos menores. Aquí en Poipet la gente pobre solo piensa en cómo conseguir la comida ese día, si tienen suerte conseguirán unos 2 dólares para solucionar su existencia ese día y así uno sobre otro… El interés o dedicación por la educación de los niños, como suele pasar en nuestros países, todavía no es parte de su rutina o preocupación.

Lok Vuanna es el jefe de uno de los pueblos donde ayudamos a algun@s niñ@s con estas becas de escolarización, él y su personal que conocen bien la realidad de las familias nos ayudan con la elección de los niños. Desminando una zona de Poipet, Lok Vuanna sufrió un accidente de mina y desde entonces quedo amputado de las dos piernas y perdió un ojo, ahora se moviliza en silla de ruedas. El dice que esta realidad suya lo hace sensible al sufrimiento y necesidad de los pobres de su pueblo. Con generosidad y cariño nos permite que cada mes tengamos encuentros con l@s niñ@s de nuestro programa en las instalaciones de su ONG.


Hacemos seguimiento a l@s nin@s en sus casas y en las escuelas a donde asisten, nos interesamos por sus vidas, problemas y necesidades; los visitamos, escuchamos y animamos a que asistan a la escuela, a que sean aseados y educados; queremos que empiecen a adquirir valores como el respeto, la responsabilidad, la honestidad, la generosidad…Por eso en los encuentros mensuales una profesora khmer a través de historias, cantos y juegos les inculca algún valor. Lo gratificante de esta tarea es la respuesta que l@s niñ@s y sus padres van dando, empiezan a hacerse cargo del valor de la educación y muestran interés por aprender y hacernos ver sus avances en el aprendizaje a pesar de la pobreza de la educación en las escuelas. Pero quizá lo que más nos hace vibrar es ver como poco a poco los rostros y sonrisas de nuestro niñ@s van cambiando. La cara triste y desolada del niño o la niña que vimos por primera vez se va convirtiendo en un rostro alegre, esperanzado e iluminado por una hermosa sonrisa. Cada vez que los encontramos nos reciben con un acogedor y expresivo “Chumbriesuo Bong Srai” (Hola hermana!).