martes, 17 de diciembre de 2013

Las Buenas Nuevas

La mujer que había dado a luz en un autobús (desde Marruecos) 


Gertrude, nos comparte el encuentro que tuvo con una joven nigeriana que había dado a luz en un  autobús.

“Llegó al hospital donde yo trabajo, muy asustada, con toda la ropa sucia y llena de sangre..., y sin tener con qué cambiarse..., y así, corriendo, le llevé todo lo qué le pudiera servir.

Buscaron ropa de bebé y la mamá, le limpiaron la sangre y le ofrecieron comida..., pero no podía hablar con ella porque solo sabía inglés y su dialecto. La muchacha tenía mucho miedo de la policía y de la gente en general..., pero cuando me vio, se puso contenta y se sintió más segura... Yo lo único que la pude comprender por señas fue que su marido estaba en Tánger y que tenia 3 niños ... 

Gracias a Dios, esa tarde vino el P. Mateo de Fez, que habla inglés y que también ha trabajado en Nigeria, y fui con él y con una Hermanita de Jesús al hospital ..., y así nos enteramos que era cristiana católica, que había tenido problemas con su marido y se había ido de la casa, (por supuesto, los dos sin papeles, pero que con la nueva política de Marruecos, ahora , no tienen tanto problema ... porque la policía hace la vista gorda ...), y tiene un hijo de 3 años, no 3 hijos como yo había entendido ... Estuvo cinco días internada en el hospital, luego la llevé a nuestra casa. En nuestra casa comió, se duchó, le dimos una maleta para que metiera todo lo que le habían regalado y le compramos el billete de autobús para Tánger. Allí, la iba a recoger el marido, ya que había hablado con él por teléfono…y se fue tan contenta.”



Acercándonos a nuestros hermanos y hermanas en la cárcel, ayudándoles para nacer de nuevo (desde India)

 

En el contexto de ese título, quiero compartir una experiencia de Pastoral en la Cárcel donde una hermana de la Compañía Misionera trabaja.

A lo largo de estos últimos tres meses, las visitas al Centro de Reclusión para Delincuentes Juveniles han sido una experiencia reveladora.


Es desgarrador escuchar la variedad de historias narradas por los internos que suelen ser chivos expiatorios de las malas tendencias de la sociedad. Están muy afectados con muchas malas inclinaciones y los recuerdos del pasado recibidos de sus padres y la sociedad. Junto con otros dos animadores de la Parroquia de San Andrés, en Mumbai, les visitamos todos los martes pasando la tarde con ellos. Lo único que hacemos es escucharles y acompañarles con cariño en su caminar (de sus sueños rotos y destrozados) con esperanza y optimismo…hacia una ¡vida nueva!

A la luz de nuestro Carisma, este breve tiempo ha sido una experiencia estimulante y de fortalecimiento en el proceso de comunicar la “Buena Nueva” a los marginados y desanimados, en su situación desesperada y desamparada.

Era el 19 de agosto de 2013, que nosotros, los voluntarios de cinco parroquias, celebramos el día de la “Pastoral de la Cárcel” y el día de la “Independencia” en el Centro de reclusión para delincuentes juveniles en Umerkhadi, Mumbai, donde tienen 300 presos. El programa se inició con una oración y luego una canción. Después de lo cual los niños estaban felices de salir al escenario para cantar y bailar. Lo que destacaron del programa fue una “muestra mágica” y “mimetismo” junto con las mascotas y payasos que se ganó todos los aplausos del espectáculo trayendo alegría y sonrisa en sus caras. El programa se concluyó repartiendo dulces y aperitivos a cada uno.

Fue un tiempo bien aprovechado con los más débiles y olvidados, trayendo alegría y olvidando, por un rato, la tristeza y monotonía de su vida ¡Alabado sea el Señor!

Puriel Fernández

Astrid nos comparte su paso por Madrid

Astrid, laica de la Compañía en Perú, nos cuenta brevemente su visita a la Compañía Misionera Del Sagrado Corazón De Jesús en Madrid.

“El pasado 16 de Octubre tuve la oportunidad de conocer a las hermanas y al grupo de laicas de la compañía. Conversamos mucho e intercambiamos ideas, nos comunicamos más que nada sobre cómo llevamos nuestras reuniones, cuál era la metodología y frecuencia de ellas. También les compartí desde cuándo y qué fue lo que me llevó a integrar el grupo, cómo sentí el llamado y lo feliz que estaba de pertenecer y de ser una parte de la compañía Misionera. Todas referimos lo positivo que había sido el encuentro”.

¡NAVIDAD!

Navidad acontece en el camino, en las huellas que entretejen pertenencias que guían el horizonte y que sostienen la marcha. En el camino, calles y plazas, donde acontecen también nuestras luchas populares cuando nos hacemos cuerpo plural por una vida más digna.

Celebro la Navidad porque me evoca lo importante que somos cuando nos abrazamos y del poder que tenemos cuando nos hacemos uno, aún en la distancia de tiempos y lugares.

Celebramos la Navidad porque nuestra fe nos habla de estas cosas nuestras cotidianas en el relato de un niño que nació en el camino y que se hizo pueblo a lo largo del camino. Un niño abrigado en la provisoria solidaridad del camino donde el misterio de la Vida se hace fiesta.  


domingo, 20 de octubre de 2013

Fe + Caridad = Misión

El lema del Domund de este año me parece sugerente por la coincidencia de los hechos, por un lado se clausura el Año de la Fe promovido por el Papa Benedicto XVI y por otro, nos recuerda el 50 Aniversario del inicio del Vaticano II.

Hablar de la fe, como un acto de confianza en el Misterio de Dios que nos rodea y nos envuelve, es un estímulo para que toda la Iglesia reciba una conciencia renovada de su presencia en el mundo contemporáneo, de su misión entre los pueblos y las naciones. La misionariedad no es solo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los “confines” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer. El Concilio Vaticano II destacó de manera especial cómo la tarea misionera, la tarea de ampliar los confines de la fe es un compromiso de todo bautizado y de todas las comunidades cristianas: “Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobretodo diocesanas parroquiales, en las que de algún modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes”, según el Papa Francisco.

Hablar de caridad, es, en palabras del Papa, “hacer que resplandezca en nuestro tiempo la vida buena del Evangelio, con el anuncio y el testimonio”. Misión difícil y necesaria cuando sabemos que, de una manera u otra, todos, hombres y mujeres de este planeta, vivimos bajo la amenaza de la vida física y moral de la humanidad. Se habla de cuatro crisis, la crisis moral, la crisis política, la crisis económica y la crisis ecológica. De las cuatro, la crisis moral nos parece la más grave.

Frente a esta situación tan compleja el Papa Francisco añade que “se hace aún más urgente el llevar con valentía a todas las naciones, el Evangelio de Cristo, que es pasión por la libertad y el amor, anuncio de esperanza, reconciliación, comunión, anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación; el hombre de nuestro tiempo necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro con Cristo puede darle. Traigamos a este mundo, a través de nuestro testimonio, con amor, la esperanza que se nos da por la fe”. Entonces sí, nuestra fe en Jesús, nos dará confianza y esperanza y sumaremos vida, alegría, amor, solidaridad, compromiso y el resultado serán esas comunidades de vida que viven a la luz del Espíritu recreándolo todo. Una nueva humanidad renacerá y hará todas las cosas nuevas.

Si sumamos todos, también, por qué no, podemos creer que un nuevo mundo plural y digno para todos, es posible.

Buenaventura



Queridas hermanas, voy a compartirles sobre el trabajo que realizo y a través de ese compartir conocerán la realidad que se vive en el Puerto de Buenaventura.

Yo trabajo en la Sede Nuestra Señora de la Misericordia de la Institución Educativa Pablo Emilio Carvajal, en el barrio marginal Vista Hermosa, con una población en su mayoría de desplazados. Llevo casi 10 años laborando como docente y un año y medio haciendo presencia evangelizadora como Compañía Misionera en la Capilla que lleva el mismo nombre del colegio, pertenece a la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.

En este barrio está afincado un grupo al margen de la ley llamado la “Empresa”, el jefe de este sector cuando llegó al barrio fue cogiendo a los jóvenes viciosos (que consumen drogas, que venden drogas y ladrones), para formar el grupo, la gente los conoce, hasta el año pasado 2012 recibían pago, pero a finales del año 2012 entro otro grupo llamado “Los Urabeños” al puerto con el objetivo de recuperar su territorio y empezaron los enfrentamientos y persecuciones, lo cual implica ver muertos, escuchar que los encontraron descuartizados. Querían matar al jefe del sector de Vista Hermosa, un día la policía entró al barrio y lo cogió, esta preso y casi para salir. Desde entonces el grupo que quedó está sin cabeza, en consecuencia no reciben pago. Se han dedicado a robar convirtiéndose en delincuencia común en el barrio. Están cobrando vacuna a las tiendas, en las casas, ya no entra el carro del gas, de la leche, la gaseosa porque les han robado. Las señoras que entran con el mercado les piden de lo que llevan, los de otro barrio no pueden entrar y viceversa, es lo que se llama las fronteras invisibles.

Es una realidad compleja, la policía hace presencia pero no brinda la seguridad, la gente dice que no patrullan, que no pueden llamarlos para darles la información porque los delatan ante los delincuentes, no le tienen confianza. Los policías por otro lado afirman que no encuentran colaboración de la población porque cuando los van a capturar los esconden.

Algunos de los jóvenes del colegio y que estaban en catequesis se han ido del barrio por temor a que los cojan, pues los han estado obligando a meterse en el bando, a manera de protección se han ido a otro barrio. Lo último es que están colocando a los niños como informantes (los llaman sapitos).

En el colegio al finalizar el segundo periodo, ya para salir de vacaciones se matriculó a un joven que venía de otro barrio, después por comentarios de algunas personas de la comunidad nos dimos cuenta que estaba en ese grupo.;

La semana pasada paso un caso en el colegio, una de las profesoras estaba recogiendo el dinero de una rifa que se jugaba el mismo día miércoles 4 de septiembre, de pronto recibe una llamada donde la previenen: “profe no salga sola que afuera la están esperando estos muchachos para robarle la plata de una rifa y va porque va, para las que sea”, la profesora asustada nos comunica, en ese mismo momento llamamos a la rectora para que llame a la policía. Luego llamamos a una de las señoras del restaurante escolar para que avise a la policía y nos dice que ya llamó y que no le han hecho caso pues les hacen perder el tiempo porque no les colaboran. Tenían rodeado el colegio y estaban ubicados en todo el trayecto de la salida. La profesora ya no tenía el dinero porque lo sacó del barrio con una persona. Volvió a llamar la rectora para decir que la policía iba de camino y que saliéramos. Salimos junto con los estudiantes, y si estaban algunos, a mitad de camino escuchamos un disparo y aparece la policía y nos acompaña hasta que subiéramos al carro. Luego supimos que el día anterior martes también quisieron robarle a una de las profesoras, hasta ese momento no se habían metido con nosotros, pero desde que ese muchacho llegó se alborotó el avispero y están desatados. Algunos profesores recibieron llamadas ese mismo día diciéndoles: Profe no vaya a entrar que esta gente está ardida porque les aventaron a la policía y más todavía por la tarde entró el GAULA”.

Nos hemos reunido con el Jefe de Zona de la Secretaria de Educación, con Naciones Unidas de Derechos Humanos, la Comisión Justicia y Paz de la Diócesis, contándole lo que sucede en el colegio y en el barrio. La comunidad sabe lo que pasa pero tiene miedo hablar, no hay unidad para hacerle frente, no sienten respaldo, apoyo, seguridad en el estado.

Oremos por esta juventud y esta niñez tan desprotegida, vulnerada por todas partes, tanto en las familias y con las políticas de gobierno tan desigual.
Dios las bendiga.

Charo Cevallos (Buenaventura, Colombia)

Noticias de los laicos de la Compañía

DESDE PERÚ

Nancy Chávez nos comparte el proceso del grupo de Laicas de Lima, desde sus inicios, hace ya nueve años, y recuerda que “el sentido de ser Laica es: la búsqueda de un mayor compromiso con la Compañía”. También dice: “vamos creciendo no solo en número sino en identidad, eso es hermoso, nos permite estar más compenetradas. Desde el año pasado, gracias a Juliana María, quien nos asesora, ha conformado el grupo de Amigas de la Compañía, que permite ver la perseverancia, el grado de identificación con el carisma y la espiritualidad de la Compañía, a partir de ello en la vivencia de un año, se les invita a pasar a la Asociación laical.

Astrid a su edad está muy ilusionada y es la que más tiempo ha dispuesto para estar al servicio de la Misión de Jeberos; por mi parte este año retornaré a Macaya aunque por poco tiempo, para apoyar a Cabi, eso me hace mucha ilusión el año pasado tuve la alegría de reencontrarme con esa comunidad, mirar a tanta gente después de 28 años que no había retornado.

En nuestra comunidad laical, soñamos, compartimos nuestras esperanzas y nuestra vida, ahora ya somos 8 permanentes y del grupo de amigas son como 10 aproximadamente”.


DESDE ESPAÑA

Después de un largo verano nos volvimos a encontrar en casa de las hermanas y como siempre nos sentimos como en nuestra propia casa. Esperábamos con ilusión y muchas ganas este día, el volver a ponernos juntas en presencia del Señor, darle gracias por el paso silencioso por nuestras vidas este verano y cada día, pedirle la fuerza necesaria para ser instrumento de su amor y compartir las alegrías y dificultades que habíamos vivido en este tiempo de separación. Vamos constatando como la vida de cada una va tejiendo un lienzo del que todas formamos parte, cada día un poco más.


Tuvimos la suerte de que María Luisa Picón, que estaba en Madrid de paso, nos pudo contar un poco la vida que las hermanas tienen en Haití, y, como siempre, fue una experiencia muy enriquecedora. Fue un testimonio precioso, con su alegría y sencillez Mª Luisa nos transmitió cómo se puede vivir con el corazón puesto en Cristo y la confianza en la Providencia, “ama, pon la vida en manos de Dios y El siempre responde a través de la generosidad de los demás”. 

Pilar González
Misionera laica de la Compañía

miércoles, 13 de marzo de 2013

¿Quién nos rodará la piedra?

El primer día de la semana, antes que despuntara el sol, María Magdalena y María, la madre de Cleofás, Juana y Salomé, se dirigían al sepulcro con los aromas que habían preparado para ungir el cuerpo de Jesús. Durante el camino iban pensando: ¿Quién nos rodará la piedra de la entrada a la tumba? Pero al llegar, sorprendidas, comprobaron que la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida. Al entrar y dilatar los ojos para vencer la oscuridad, buscaron el cuerpo de Jesús y no lo encontraron, no sabían qué pensar. ¡Jesús no estaba, había resucitado!
 

Algo inesperado sucedió esa mañana, la novedad irrumpió y se abrió camino donde todo parecía sellado. La piedra no retuvo la muerte. La muerte fue rodada por la Resurrección. La luz de un nuevo amanecer comenzó. No hay duda, es posible, Jesús, nos ha abierto las puertas. Ya no habrá más piedras en el camino, El es el camino.
 

La Muerte ha sido rodada, pero a nuestros ojos les cuesta ver y nuestros corazones incrédulos siguen encontrando muchas “piedras” en el camino: “piedras” que nos impiden ir más allá de nosotros mismos, de superar nuestros miedos; “piedras” que nos impiden ver al resucitado ahí dónde nos encontramos; “piedras” que nos limitan, nos impiden avanzar, nos cierran el camino; “piedras” que nos roban la esperanza y la alegría.
 

Hoy, todavía seguimos aferrados a esas “piedras” y corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético.





Nunca es tarde para aprender

Un refrán español dice: “Nunca es tarde para aprender”. Estoy de acuerdo con esto siempre que ese aprender venga de la experiencia de la vida, de una vida entendida y vivida como experiencia de un Dios que es compasivo, que tiene “entrañas” y que siente hacia cada uno de nosotros lo que una madre siente hacia el hijo que lleva dentro. 

Pero creer en la compasión de Dios entendida de esta manera, creer que su reacción primera hacia cada uno de nosotros es la compasión, no es todavía una evidencia en mi vida, a mis 60 años de edad. ¿Por qué os digo esto? La respuesta la vais a encontrar vosotros mismos en lo que ahora os comparto, una experiencia que he vivido últimamente en la cárcel de Makala y que me ha ayudado a percibir mejor: cómo es el corazón de nuestro Dios y lo lejos que estoy yo todavía de actuar con un corazón parecido al Suyo. 

Makala es la cárcel provincial de Kinshasa que fue concebida con una capacidad de acogida para 1.500 presos. Desgraciadamente, hoy este centro penitenciario alberga en condiciones inhumanas a 6.100 personas, todos ellos reclusos en prevención y los ya condenados por la justicia también. 

No hace mucho, en una de mis visitas a esta cárcel, se me acercó un preso de edad avanzada y me pidió con insistencia que le ayudara, que me ocupara de seguir su “expediente” que debía estar perdido en algún rincón de una oficina. Me detuve a escucharlo con atención, tomando nota de todo lo que me iba diciendo. Según él, ya había cumplido su condena por un delito que no era grave, pero él seguía allí, olvidado de todo el mundo. Le prometí ayudarle. 
 
Una vez estuve bien informada de su situación, el magistrado encargado de este caso me hizo leer todo lo que un día se dijo en su juicio y me explicó bien la verdad de los hechos. Isara, así se llama nuestro hermano, había cometido un delito muy diferente del que me había explicado a mí aquel día en la cárcel. El delito por el que había sido condenado fue, la violación de una menor. 

Ante mi sorpresa e indignación, el Magistrado me pregunto: ¿A una persona como ésta le está usted ayudando? No supe responderle en ese momento y regresé a casa confundida, con una sensación desagradable de haber hecho el ridículo delante de ese juez, de estar perdiendo mi tiempo y, sobre todo, regresaba enfadada con Isara que era un desvergonzado y que además me había engañado. En aquel momento decidí que no le iba a ayudar. 

Los días fueron pasando y la imagen del Padre del cuadro de Rembland abrazando al hijo prodigo empezó a venir a mi pensamiento, a mi imaginación de una manera muy repetitiva. Comprendí que el Señor quería enseñarme algo. Intuí que debía ser algo relacionado con Isara y me resistía a pararme para comprender lo que el Señor esperaba de mí. 

Al final, me detuve a mirar, a contemplar esta imagen del padre abrazando a su hijo y me pregunté qué habría hecho este hijo durante los años que había pasado alejado de su Padre? ¿Habría también violado a alguien? Ese abrazo del padre, ¿estaría condicionado por lo que el hijo hubiera hecho? Me preguntaba a mi misma en mi interior: “¿Sera verdad que Dios perdona todos nuestros disparates? ¿Todos los pecados? ¿Podrá perdonar también una violación? ¿Será verdad que su compasión no tiene límites? ¿Será verdad que su corazón se mueve solo por la compasión? Y miraba yo en mi interior a ese Padre de la parábola que casi no deja que el hijo le confiese su pecado. Fue entonces cuando me sentí profundamente sobrecogida. 

Comprendí concretamente que Isara no estaba excluido del perdón de Dios y que Su compasión también lo alcanzaba. 

Pensando en el caso de Isara, me sentí cuestionada interiormente al percibir en mí, resistencias para acoger a esta persona, para perdonar y creer en la misericordia de Dios en este caso concreto. Me di cuenta que, el hijo mayor de la parábola del Padre bueno estaba en mí, en mi actitud inflexible y dura, en mi resistencia para acoger la debilidad del hermano sin juzgarlo ni condenarlo. 

En esos momentos intuí que, el ser compasiva era la única manera de empezar a parecerme a Dios, y que el modo de mirar a las personas, a la vida entera, si es con compasión, era el mejor camino, yo diría e l más fiable para irme pareciendo a ese corazón del Padre. 

Esta experiencia de cercanía al corazón compasivo de Dios, fue para mí una llamada a “entrar en casa” para retomar el “expediente” de Isara, (que yo había abandonado) con una actitud nueva, convencida de que Dios solo, desde su corazón compasivo, tiene la última palabra sobre nuestras vidas, debilidades y errores y de que a mí, lo único que se me pide es que sea un reflejo de esa manera suya de ser y actuar: ¡la compasión! Sí, nunca es tarde para aprender! 

Paqui Picón

El VI Mercadillo Solidario, todo un éxito

Querida Familia,
Hace unos meses, en noviembre, tuvo lugar nuestro Mercadillo Solidario VI.
 

Queremos daros las gracias a todos los que habéis aportado tiempo, trabajo, ideas e ilusión en su realización. Comprar productos a los artesanos de los poblados, traernos los productos desde los distintos países, poner precios, preparar el mercadillo, etc. ha requerido el esfuerzo de muchas personas, que de forma desinteresada y con cariño estamos comprometidas en ayudar a los más necesitados.
 

Con  todo esto hemos conseguido un Mercadillo que ha sido un éxito en todos los aspectos: un medio para conseguir ese pequeño aporte de dinero que ayude en las Misiones, y también un espacio donde encontrarnos, conocernos, alegrarnos desde la fe y compartir la Misión. Y así poder escuchar juntos ese clamor de Dios que desde los más pobres nos llama a transformar y construir un mundo más fraterno.
 

Este año hemos recaudado para proyectos 6.184€, sin contar lo que hemos destinado para pagar los productos comprados. Con este dinero hemos ayudado en la compra de un proyector para la Escuela de Hostelería en Matshi (R.D. Congo), de un terreno para una mujer viuda que sostiene a 10 personas, con intención de construir una futura casa en Kinshasa (R.D. Congo), de una fotocopiadora para hacer el material escolar en Bakcthoro (TChad), y la compra de alimentos para ancianos y enfermos en la cárcel de Svay Sisophon (Camboya). Como podéis ver los seis mil euros han dado para mucho.
 

Sólo nos queda invitaros a participar en nuestro próximo Mercadillo, y así experimentar el carisma de la misión de la Compañía.
 

Un gran abrazo de las hermanas y laicas de la Compañía.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Navidad 2012


Navidad 2012:  
Un tiempo para 
la esperanza y la solidaridad

Si echamos una mirada panorámica a lo que está sucediendo hoy podremos ver que los signos de nuestro tiempo son, cuando menos, alarmantes. Si tuviéramos que nombrarlos hablaríamos de crisis, desastres, guerras, pobreza, injusticias… Es verdad son tiempos difíciles, pero... ¿no será también que hemos sido presa fácil y nos hemos dejado llevar por el pesimismo, el miedo, y la impotencia ante todo lo que “tenemos encima”?

Es posible, pero todavía tenemos tiempo, el tiempo de prepararnos, de respirar profundamente y dejar un espacio para la esperanza, aquella que sabe a acogida, alegría, amor, ternura, libertad, solidaridad..., en la que nadie se quede atrás, esa que se encarnó en una persona concreta, Jesús de Nazaret, y que fue capaz de revertir la historia.

Los tiempos que vivimos no son diferentes de los tiempos de Jesús y nosotros no somos diferentes de aquellos hombres y mujeres que apostaron por un hombre y un proyecto que a primera vista era imposible de realizar. Pero creyeron en él, y empezaron a echar a andar un sueño, y tras ellos muchos hombres y mujeres siguieron sus pasos, dejando su huella, mártires de ayer y de hoy, que nos recuerdan y nos empujan a seguir caminando. Que siga la marcha, que siga la vida, ¡que nadie nos robe la esperanza!

Que esta Navidad renueve en nosotros ese sueño de Dios para cada hombre y cada mujer y para toda la creación, y que nazca la vida, la paz, el amor y la esperanza.

Las experiencias de Carolin y de Nancy son un ejemplo de que la esperanza no es para mañana, sino para hoy, el Reino de Dios está en medio de nosotros, todos somos testigos, solo tenemos que creer, confiar y seguir caminando.

Experiencia de Carolin en el Año de la Fe


Todos sabemos que el Papa Benedicto XIV ha convocado este año “Año de la fe“, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Aprovechando esta llamada a reflexionar sobre nuestra fe, me gustaría compartir algo sobre cómo la vivo yo en mi vida.

CÓMO VIVO MI FE

Para mí, la fe es Don de Dios, la he recibido gratuitamente. He nacido en una familia cristiana, he crecido en esta fe gracias primero a Dios que me dio una familia sobre la tierra y también a mi familia, en particular mis padres, que nos han inculcado en esta fe. Un día, cuando tenía 17 años y acababa de terminar el examen oficial para entrar en la universidad, el Señor me sorprendió con una invitación a visitar una leprosería en India, y mientras la visitaba me quedé sorprendida... Sentí que el Señor me llamaba, entonces se despertó en mí el deseo de seguir a Jesús para servir a los más pobres y necesitados, en este caso, los leprosos.


No estaba sola, tengo una hermana gemela y estaba conmigo, porque siempre íbamos juntas; le pregunté si ella sentía algo y me dijo que no, y me quede todavía más perpleja delante de este misterio tan grande. Sentí el amor profundo de Dios que me empujaba a hacer algo, y comprendí que Él esperaba algo de mí y al mismo tiempo me daba la seguridad de que me daría la fuerza para vivir esto. Esa experiencia me hizo pensar que estaba viviendo esta vida para algo, Dios me había dado la vida para algo…

Mi fe en Jesús me llevó a dejar mi familia y mi tierra para ponerme al servicio de algo que a veces no se ve; es la riqueza que no atesora cifras, sino historias. A mí esta historia de amor por los hermanos más pobres y más abandonados de la sociedad me llevó más lejos.

Más tarde descubrí que “los leprosos de la India” para el Señor eran un medio para hacerme comprender el amor universal y hacerme descubrir la vocación misionera, y que pedía mucho más de lo que yo imaginaba. Tenía que dejar a los míos e ir hacia otros distintos, otra raza, otro color, otra lengua, otra cultura... Pero todos creados y queridos por el mismo Dios.


Entonces me marche al Congo (antes se llamaba Zaire) donde llevo 17 años viviendo este misterio del amor de Dios en mi vida, y lo vivo como un milagro en la vida diaria que se realiza en la misión. Estoy convencida de que sin la ayuda del Señor, esto no sería posible, pero con Dios todo es posible. He vivido ya dos guerras allí y he aprendido mucho de la gente que tanto nos quiere.

Ellos me han enseñado paciencia, fuerza ante el sufrimiento, capacidad de aceptación ante las situaciones más difíciles siempre con alegría, estar contenta con poco, el compartir, la solidaridad y el amor universal, que todos somos hermanos y que es posible vivir el amor fraterno aun siendo de distintos colores, razas y culturas. Como dice Jesús: “el que deja un padre, una madre, hermanos y tierra va a recibir cien veces más”, pues esta es mi experiencia, en un país extraño tengo muchas madres, padres y hermanos Puedo decir con certeza que estoy feliz de ser “misionera de Jesús”.

Carolin Macwan

La misión es hoy


Queridas hermanas laicas y religiosas de la Compañía Misionera, hace más de un mes que regresé de Macaya y quiero compartir con ustedes lo que ha significado y sigue significando en mi vida, el tiempo de misión en la comunidad Shipiba de Caco-Macaya, Alto Ucayali-Perú. Hacía 28 años que no regresaba a esta comunidad. Carmen Pérez, (Cabi, su nombre shipibo y miembro de esa comunidad religiosa) me esperaba en Pucallpa, y juntas, hicimos el viaje en una embarcación hasta la comunidad.

Una de las experiencias más significativas vividas durante ese tiempo fue el compartir una problemática que hace tiempo estaba viviendo la comunidad por la presencia de la compañía petrolera, Cepsa. Los dirigentes de la comunidad, preocupados, pidieron asesoramiento a Cabi, y que se les diera un curso de informática para poder utilizar bien las computadoras que la empresa entregó, seis en concreto, a cambio de que los dejaran entrar para hacer un estudio de línea base (ver los depósitos de petróleo).

Ese espacio fue un rico encuentro ya que a través del estudio tuvimos momentos de reflexión, lectura, análisis de la problemática petrolera y de la situación en la cual estaban frente al accionar de la empresa, quien ahora pretende ingresar para abrir dos pozos exploratorios y uno confirmatorio. Este análisis ayudó para que a partir de ahora los comuneros puedan exponer, hablar frente a los representantes sin temor, con argumentos, sobre los daños que la empresa ha hecho en el tema de medio ambiente. Un tema delicado que se tiene que ir analizando y evaluando.

La pequeña comunidad cristiana es también un símbolo del caminar lento pero seguro de este grupo. En lo posible se reúnen cada domingo, acompañados por Cabi, y se escucha, se habla, se reflexiona la palabra de Dios en Shipibo, que es el idioma mayoritario.

Cocinar con la leña no fue fácil, ir por agua al pozo es todo un rito; hacer los quehaceres de la casa; conversar y acoger a las personas que llegan a la casa por medicina, por consejo o llevando pescado, yuca, plátano, como trueque por otros alimentos, o escuchar a los vecinitos que llegan en busca de sus pollos que se metieron a nuestro huerto; preparar y dar las clases de computación y las de religión para la escuela; atender a los bebés que lloran; aprender parte del idioma; escuchar apenas una radio que se le iba la señal; estar fuera del internet, fue toda una riqueza, no era problema para mí.

No quiero dejar de agradecer a Dios por todo lo vivido, por las muestras de afecto de las personas de Macaya que me conmovieron el corazón, así también por el cariño de Cabi, su gran amor por cada persona, su testimonio de vida. Un abrazo fraterno lleno de mucha alegría. ¡Dios es grande!

Nancy M. Chávez N.

(Corin Same, nombre en Shipibo)

viernes, 19 de octubre de 2012

Llamados a hacer que la Palabra de verdad resplandezca



En el marco de la crisis mundial estamos también viviendo la crisis de la fe, que se ha perdido en el seguimiento a Jesús y en los valores éticos, y con dolor vemos toda esa explotación de la persona, de los países y de los derechos humanos. Cada uno en su vida busca solo su propio provecho y beneficio. ¿Dónde quedaron la honestidad, la justicia y todo aquello que engrandece al hombre? 

Hay que volver la mirada al Vaticano ll en su mandato misionero que implica mirarnos como hermanos y trabajar para que todos tengan una vida digna como hijos de Dios. 

“Los inmensos horizontes de la misión, la complejidad de la presente situación requieren hoy modalidades nuevas para poder comunicar eficazmente la palabra de Dios. Ello exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria al Evangelio de Jesucristo, en el momento de profundos cambios que está viviendo la humanidad” (Benedicto XVl ). 

La falta de fe en la vida y en los hombres, nos lleva a vivir dormidos. Dormidos ante este mundo corrupto e injusto. 

SI ESTAMOS DORMIDOS, HEMOS DE DESPERTAR 
¿Y cómo sabré si estoy dormido? Jesús nos lo dice en el evangelio: “¿Por qué decís Señor, Señor, si no hacéis lo que os digo?” Si no hacemos lo que Dios quiere y nos dedicamos a fabricarnos un Dios “tapa agujeros”, es que estamos dormidos. Lo que importa es responder a Dios con el corazón. No importa ser ateo, musulmán o católico, lo importante es el cambio interior y el bautismo del corazón. El estar despierto es cambiar tu corazón de piedra por uno que no se cierre a la Verdad.

La solución está en tu capacidad de comprensión y de ver otra cosa que lo que se permite uno ver. Ver lo que hay detrás de las cosas. Cuando se te abran los ojos, verás cómo todo cambia, que el pasado está muerto, porque sólo el presente está vivo si tú estás despierto en él. No mirar tanto el poder y la eficacia de los medios, sino descubrir la cercanía, la comprensión al hermano, y juntos tratar de poner lo bueno de cada cultura, de cada creencia, para hacer un Mundo más capaz de vida y armonía en que todos nos sintamos hermanos e hijos de Dios. 

Rosa Porta 

Experiencia de interculturalidad


Nuestra vida misionera y de comunidad nos lleva a encontrarnos en nuestro día a día con otras culturas, a convivir con lo diferente. Cuando vamos a la misión, de entrada ya vamos con una predisposición, sabemos que vamos a otro estilo de vida, y estamos abiertas a él y dispuestas a aprender, a adaptarnos, a valorar todo lo bueno que tiene cada cultura. Pero además nuestras comunidades están formadas en la medida de lo posible por hermanas de distintas nacionalidades. 

Estos últimos meses, de marzo a agosto, hemos tenido en Madrid una experiencia de interculturalidad. Nos juntamos 3 hermanas que venían del Congo, 2 de India, otra del Congo pero que venía de Perú, y aquí estábamos una colombiana y yo, Española, más otras dos hermanas Españolas que acompañaban al grupo. Los primeros meses fueron para aprender el español, y en los últimos estuvimos recibiendo varios cursos, unos en relación con la Compañía y otros para enriquecer la experiencia. Uno de ellos era precisamente sobre interculturalidad, y veíamos que aunque se puede tener por naturaleza una cierta sensibilidad intercultural, el vivir con otros, sobre todo de otras culturas (pero también entre los de una misma cultura) es algo que se va aprendiendo, pues el simple hecho de vivir juntos no implica necesariamente que se viva en interculturalidad. Cada uno debe salir un poco de su “espacio” para abrir espacios comunes, sin perder la propia identidad. 
Es una experiencia bonita la de la convivencia intercultural, se aprenden muchas cosas, tanto en el sentido material como de crecimiento humano y espiritual. Para mí, una de las cosas más importantes para vivir la interculturalidad es la actitud, estar abiertos a lo nuevo, a lo diferente, a aprender unos de otros, y a aprender nuevos lenguajes, es decir, nuevas formas de expresar una misma cosa, como la acogida, la alegría, la tristeza, la fe,… Y para nosotras, la raíz de esta actitud nace del deseo de vivir la fraternidad universal a la que nos invita Jesús y que nos recuerdan nuestras Constituciones. 

Como he dicho antes, nuestro primer tiempo juntas fue cuando aprendían el español las hermanas de otras lenguas. Ese fue un tiempo duro para ellas, pero a la vez divertido, pues nos tomábamos con humor las equivocaciones, los malentendidos,… nos reíamos mucho con todo eso, pero no era un “reírnos de” sino un “reírnos con”, reírnos juntas. También de nuestra parte las ayudábamos en lo que podíamos. Iban a clases, tenían deberes,… hasta acabar “hasta el moño”, expresión que aprendieron muy pronto. 

Una cosa importante para podernos comprender mejor y crear espacios comunes es conocer el lugar de dónde viene el otro, sus costumbres, su cultura, su forma de vivir desde el Espíritu,... en la medida de lo posible. Esto lo hicimos de manera un poco oficial al presentar la realidad de nuestros países a los distintos niveles (político, económico, religioso, cultural,…) a las otras, y un poco más a fondo la parte cultural en el curso de interculturalidad, pero también lo hicimos informalmente, empezando por las cosas más ordinarias, como las comidas, música o bailes de cada país, que hemos ido conociendo y aprendiendo. Esa para mí ha sido una parte muy divertida e interesante, y que nos ha ayudado a conocernos y a crear relaciones, pues era hacer cosas juntas, enseñarnos unas a otras,… Todas coincidíamos en que la cocina era el lugar más animado. Cocinábamos de dos en dos, pero a veces íbamos apareciendo por la cocina las demás, a ver que se cocía por allí, a ayudar y de paso aprender. Los sabores son diferentes, pero yo misma me sorprendía de cómo me iba acostumbrando a ellos hasta disfrutarlos, y lo digo sobre todo por las especias de India, las masalas, porque a mí al principio me asustaba tanta especia. 

Eso que decía de salir un poco del propio espacio para abrir espacios comunes a veces no es tan fácil, porque implica diferentes maneras de hacer las cosas, ritmos más rápidos o más lentos,… se necesita paciencia, con el otro y con uno mismo, y muchas veces morir a lo propio. Pero es realmente un regalo tener la oportunidad de poder vivir juntas personas de lugares tan tan diferentes, y más cuando nos une un fin común. Cada vez que lo pienso me sale la acción de gracias y se me renueva el ánimo y la disposición para crear esos espacios. 

Me gustaría poder viajar, aunque fuera como en una película, a los lugares donde han crecido cada una de ellas, convivir con su familia, vivir como ellas,… En el curso de interculturalidad coincidíamos muchas en que para conocer más de cerca una cultura era muy importante el acercarse a la gente del lugar, y si es posible, vivir unos días con una familia. Y a partir de ahí, se comprenden muchas cosas del otro. 

El darme cuenta de todas estas cosas me ayuda para mi vida, me enseña a interesarme por conocer, a tener paciencia, a valorar, lo propio y lo ajeno, y a hacerme consciente de que me estoy enriqueciendo, que nos enriquecemos mutuamente. Aunque tengamos cada uno nuestra propia identidad, desde nuestra cultura y todo lo que hemos vivido, el contacto y la vivencia de otras cosas, de otras maneras, de otras formas de expresar,… no pasan por nosotros sin dejar una huella, hay cosas que pasan a formar parte de nosotros, y de esa forma nos enriquecen. Sería bonito pararse a pensar qué me ha dado, qué he aprendido de este lugar, de esta persona que es de tal lugar,… 

En la capilla de la casa teníamos un letrero que desde el principio nos motivó: “Convocadas en torno a Jesús para una misión universal. ¡Te damos gracias, Señor!” Esta frase nos recordaba que quien nos reúne es Jesús, y para algo concreto, y nos llevaba también al agradecimiento. Un día, no recuerdo en qué circunstancia, a una le salió, medio en broma, pero en el fondo también en serio, decir “todo por Jesús”, y después la hemos usado muchas veces. Pero realmente en el grupo hemos sentido la presencia del Espíritu que ha hecho posible esta vivencia, y damos gracias por ella, y por los lazos que hemos creado unas con otras, que no sólo nos acercan entre nosotras, sino también a las distintas misiones donde cada una esté. Sólo nos queda poder hacer vida todo esto en los destinos que a cada una nos den. 

Marta Iturralde 

Mahad: una nueva comunidad en India


La Misión de Mahad pertenece a la Diócesis de Mumbai. Mahad es una ciudad importante situada en la ribera del río Savitri y un Ayuntamiento Municipal de la Comarca Raigadh en el estado de Maharashtra que está situado a unos 175 Km., al sur de Mumbai. Tiene una población de más de 50.000 habitantes.

Mahad tiene una tradición propia debido a su mitología, importancia histórica, social y cultural. Ciudad, vibrante y activa en los sectores industriales, políticos, sociales y culturales, ha influido en las vidas de algunas grandes personalidades. 
Puriel nos comparte algo de la vida de la comunidad tras su llegada a la misión: 
Han pasado dos meses desde que llegamos a esta nueva misión de Mahad. Los sacerdotes diocesanos tienen un centro/ parroquia en el que llevan un internado para los niños de la tribu Katkari junto con el programa de desarrollo de las aldeas. El pueblo donde vivimos se conoce como “Nangaon” que está a unos 8 Km. de este centro. Vivimos en una habitación que nos sirve de comedor-cocina-dormitorio, con un cuarto de baño, una capilla y una sala de comunidad. Esta casita pertenece a los padres diocesanos. 

Según lo acordado con los padres, vamos a estar aquí durante un año hasta que encontremos nuestro propio lugar. Anila, Panna y yo nos estamos adaptando poco a poco a lo que es nuevo y vamos familiarizándonos con el lugar, la gente y la cultura. De acuerdo con nuestro compromiso, dos de nosotras damos catequesis en la parroquia después de la Eucaristía dominical y visitamos las familias católicas. Junto con las hermanas de las Hijas de la Cruz que también se encuentran en esta misión y nos vamos turnando en la animación de la liturgia del domingo. 

Con el fin de comunicarnos con la gente y llegar a conocerlos mejor, estamos tratando de hacer un esfuerzo para aprender y practicar la lengua “Marathi”, a veces diciendo adiós en Gujarati y Gamit. Aquí no hay acceso a Internet pero recibimos los periódicos en inglés y en Marathi todos los días. 

El párroco P. Barhol, P. Sunil y el coordinador, Sr.Das, son muy amables y serviciales con nosotras en el comienzo de nuestro caminar. Nos acompañaron a los pueblos donde vamos a trabajar. Al ver el lugar, creo que estamos realmente en el sitio que es propio de la Compañía. El pueblo que hemos visitado tiene 80 familias (con 2 o 3 familias que viven bajo un mismo techo). Tiene una escuela primaria hasta el grado IV, después de lo cual los alumnos abandonan los estudios y van en busca de trabajo ya que no tienen su propio terreno ni los medios de apoyo. 

El 23 de julio fuimos a la misma aldea acompañadas por el animador, en la que se organizó una reunión con los lideres y el jefe del pueblo que tiene el cargo oficial. 

A nivel comunitario tenemos organizada nuestra vida diaria. Nos levantamos a las 5:30 am. y luego tenemos la oración comunitaria a las 7:00 am. Tenemos la eucaristía solo los viernes donde el personal de la misión (staff), que son católicos, también participa como una sola familia. Cada domingo por la mañana a las 6:00 am. vamos a la parroquia para la eucaristía viajando en una furgoneta donde recogen leche. Hay 30 familias católicas en la parroquia que proceden de la región del sur de la India (Goa, Mangalore, Andhra Pradesh, Kerela y Karnataka). Es un encuentro que nos da la oportunidad de conocerlos. 

Desde lejos las recordamos y tenemos a unas y otras en nuestras oraciones y de manera especial en la fiesta de San Ignacio.

Puriel Fernandes 

Fiesta con los amigos de la Compañía


Empezamos a prepararnos para este día con una reunión entre nosotras tres para planear. Estábamos un poco nerviosas por no saber dónde poner tanta gente en nuestra casa tan pequeña. No es como en Gujarat donde la gente se sienta en el suelo y el espacio nunca es problema. Aquí no solo falta espacio, también sillas. 

Después tuvimos otra reunión para preparar lo que queríamos transmitir de nuestro Carisma, así como algo de comida y algunos juegos para disfrutar después. 


Todas nos pusimos a trabajar los detalles. cada una se responsabilizó de una parte. Nos quedamos con algo sencillo que preparamos en casa. 


Para poder acomodar todos tuvimos que vaciar todo los muebles de la casa arriba y poner sillas. Los vecinos de todos lados vinieron a nuestro auxilio y nos dieron sillas, y al final tuvimos suficiente para acomodar muy bien a 60 personas. 



Dimos el mensaje de quiénes somos y qué hacemos, como primer paso para despertar en ellos el espíritu misionero. Fue interesante notar cómo la gente nos veía y nos observaba, y fue esperanzador leer el “feed back” de algunas de las vecinas en una carta que nos escribieron. En ella, expresando su gratitud, dicen: “La charla de introducción seguido por el vídeo era una revelación de servicio misionero hacia la gente en áreas tan lejos de Surat. Vuestra manera de vestir como la gente es una indicación de vuestra SER y HACER con ellos, desde ellos y para ellos. La afección y el interés colectivo”. 


Nosotras podemos decir que esta ocasión nos ha traído muy cerca a la gente de nuestra calle. Más tarde nos dijeron “Ahora entendemos por qué sois como sois después de todo lo que hemos visto y oído hoy”. 


Puedo decir que esto ha sido posible gracias a todo el trabajo realizado a lo largo de los años por las hermanas que nos han precedido. Las hermanas que han pasado por aquí en su manera ha dejado el espíritu misionero vivo. 

martes, 13 de marzo de 2012

Muerte-Resurección


Recios tiempos estamos viviendo… ¡Cuantas cosas se nos han muerto!... ¡Cuantas!... ¿Hacemos una lista? No quiero hacerla yo sola, aporten y veamos cuán larga es. Los medios ponen ante nuestros ojos, cada día, cuánta hambre, cuánto dolor y cuántas lágrimas por el mundo. De tanta tragedia no se escapa ni el primer mundo, ni el segundo, ni el tercero… ¡Y que casualidad!... los que más mueren, los que más sufren, los que más lloran son los pobres de los tres mundos. Mueren ellos y sus cosas: sus poblados, sus casas, sus chozas, sus animales, sus cosechas y sus esperanzas e ilusiones… y por no tener, no tienen ni un sitio donde ser dignamente sepultados.

Y nosotros, ante el televisor, no lloramos. Se nos han hecho tan familiares las escenas de guerra, terrorismo, tsunamis, inundaciones que ya somos incapaces de llorar. ¿Es que se ha muerto en nosotros también algo?... sentimientos, ternura, misericordia, solidaridad… ¡todo eso que pasa está tan lejos! Y no, tanta muerte y tanto dolor pasan también muy cerca, quizás en nuestras mismas familias, entre nuestros amigos y vecinos.

Las encuestas hablan… más de 5.000.000 de hombre y mujeres sin trabajo, con todo lo que ello representa: sin casa, aquella que compraron con tanta ilusión, sin coche (no en el que iban de excursión, sino a trabajar), sin pan ni arroz que tienen que ir a “Cáritas” para conseguirlo. Y miles de empresas cerradas (muertas). En un periódico del pasado 19 de enero leo lo siguiente: “el tramo entre la calle Velazquez y Goya (primerísimo mundo) es un reguero de “cadáveres comerciales”. Han sucumbido el 30 % de tiendas.

¡Tenemos que despertar, y no para llorar!... Tienen que resucitar nuestros sentimientos, nuestras ternuras, nuestras misericordias y nuestras solidaridades… Hay mucha gente que está resucitando. La pobre mujer jubilada que tiene poca cosa, pero al menos tiene un piso no muy grande, donde se ajusta para acoger a un matrimonio, con un montón de hijos, que ha sido desahuciado.

Aquella otra que cree que no puede hacer nada y buscando en su pequeña despensa ve una bolsa de arroz y coge la mitad para dársela a una vecina, y dos tabletas de chocolate y coge una, y así con pequeñas cosas va llenando una bolsa de plástico que ya no tiene fuerzas para cargar… Así muchas otras resurrecciones que podéis vosotros/as ayudarme a hacer una lista tan larga como las de muertes. Cáritas y Manos Unidas nos pueden ayudar en esto.

¡Y vamos a resucitar!... porque aunque se nos han muerto muchas cosas, no se nos ha muerto la fe en AQUÉL que dijo: “Yo resucitaré, vosotros también resucitareis”…

Josefina Nieto

Nuestro caminar entre los afrodescendientes


Me han pedido que escriba algo sobre nuestro trabajo con los afrodescendientes y aunque hay poco o nada que no se haya dicho, me he decidido a hacerlo poniendo el énfasis en los “nuevos retos” de nuestra presencia misionera entre este colectivo considerado la mayor minoría étnica de nuestro país, en el presente siglo.

Sintetizando lo vivido durante cuarenta y tres años de presencia en el Pacífico Colombiano, da gusto pensar que, entre luces y sombras, hemos caminado al lado de los afrodescendientes en el Chocó, Buenaventura, Guapi y desde hace diez años cerca a nuestros hermanos Haitianos.

A través de las más diversas actividades, hemos abierto camino en varios flancos de la evangelización y la promoción humana; o hemos continuado el trabajo iniciado por otros, Javerianos y Lauritas en el Chocó, varias comunidades en Buenaventura y Guapi al igual que en Bombardópolis.
Con alegría y responsabilidad, hemos apoyado grupos de oración, de trabajo comunitario, formación de jóvenes seminaristas; jóvenes sacerdotes, forjando iglesia con ilusión, dando testimonio de la llegada del Reino a pesar de sus límites y pecados; hemos acompañado el crecimiento de las Iglesias locales que nos han acogido; hemos gozado viendo como muchas familias ven a sus hijos profesionalizarse y ubicarse mejor económicamente como también comprometerse en la organización y promoción de sus poblados; hemos acompañado la creación de microempresas familiares y comunitarias forjando con su trabajo un futuro más prometedor que el generado por la dependencia; grupos apostólicos, de oración, de niños y adolescentes misioneros, promotores rurales forjando caminos nuevos desde lo social y en el campo de la salud, escuelas y colegios organizándose desde la perspectiva de la fe en Jesús y de la pertenencia eclesial.

Sin embargo, también hemos sufrido al ver como nuestros límites y pecados ensombrecen nuestro testimonio; o al observar como pueblos que visitamos hace más de treinta años siguen viviendo, como si se hubieran estancado en el tiempo; y no menos sufrimiento nos causa constatar como la pobreza, en nuestros pueblos, adquiere cada vez más un claro rostro de mujer; que para muchos de nuestros niños y nuestros jóvenes, el horizonte no es totalmente esperanzador sencillamente porque la sociedad tiene “otros intereses prioritarios”…. Y porque no decir también que si por una parte nos alegra la actitud profética de muchos de nuestros obispos, la Iglesia no siempre logra hacerse escuchar en su defensa de los más débiles.

LA REALIDAD DE HOY

Como bien sabemos, Colombia acaba de firmar el famoso TLC, Tratado de Libre Comercio, que en términos comprensibles debería traducirse en oportunidades de empleo y desarrollo para las poblaciones del Pacífico, afrodescendientes en su mayoría y con Buenaventura, primer puerto de Colombia y Sudamérica sobre el Pacífico; pero la realidad es que Colombia en general, y nuestros empobrecidos pueblos en particular, no están preparados para la invasión de productos extranjeros y la lucha por la exportación masiva y sin límites, pasando por encima de quien sea y por supuesto, como lo estamos viendo en Buenaventura, la población va siendo arrinconada porque todos los espacios son pocos para construir bodegones “inconmensurables” para almacenar toda clase de productos.

Sin embargo, si algo ha caracterizado al afrodescendiente, es su capacidad para resistir, para idear salidas en donde solo se ven dificultades, y no solo lograr salir sino aportar, hacer historia con alegría y positividad. En este contexto, concretamente en Buenaventura, el Señor Obispo está liderando un movimiento de sensibilización de la sociedad civil para que se involucre en la búsqueda de los caminos que más convienen a la población y se constituya en impulsora de los megaproyectos que los gobiernos locales planean, con frecuencia, a espaldas de los intereses de los lugareños. 

Libia Londoño







Colombia


Buenaventura, 18. 10.2011

Muy queridas Hermanas: Desde este bello puerto y ciudad de Buenaventura (Colombia) les envío un cariñoso saludo en nombre propio y de mi comunidad formada por: Pilar Garcés, Libia Londoño, Rosario del Pilar Cevallos (Charito) y Carmen Gallego. 

Nuestra comunidad realiza varias funciones o misiones: Colaboramos en la Pastoral de nuestro barrio Nayita en unión con nuestra parroquia, que es la Catedral San Buenaventura; atendemos y participamos en las actividades y culto de la Capilla Ntra. Señora de Fátima, ubicada en el barrio y contigua a nuestra casa; Charito Cevallos trabaja como profesora en un barrio extremo de la ciudad, al mismo tiempo que también colabora en la pastoral de la parroquia. 

Otra actividad importante de nuestra comunidad es la acogida a nuestras Hermanas de las misiones de la zona rural: Orpúa y Guapi, cuando llegan a Buenaventura por distintos motivos, así como el enviar provisiones, y hacerles algunas diligencias, etc. 

Este año nuestras Hermanas del Gobierno Regional nos han dado la oportunidad a las Hermanas de las distintas casas de la Región de participar en dos Talleres o Cursos. El primero fue sobre reestructuración, lo dirigió la Hna. Mª Cecilia Correa, formadora de la Compañía de María. En Buenaventura lo recibimos en el mes de Mayo. El segundo fue sobre temas de Psicología: afectividad, calidad de vida humana y fraterna, etc. Nos lo impartió la Hna. Astrid Zapata, operaria catequista. Lo recibimos en el mes de julio junto con nuestras Hermanas de las comunidades de Guapi y Orpúa. Ambos talleres fueron muy enriquecedores y formativos. Damos gracias a Dios y a nuestras Hermanas del Gobierno Regional, así como a las Hermanas que nos los impartieron. 

Hermanas, estamos muy contentas de colaborar en esta misión y de servir a nuestros hermanos, pero nos entristece la violencia existente en muchas zonas del país: la guerrilla, los grupos armados al margen de la Ley, las personas desaparecidas, los muertos a causa de la violencia, etc.. Rueguen por nuestro querido país, Colombia, y en general por Latino América para que la fe en Cristo nos una de verdad y lleguemos a vivir como hermanos y hermanas.


Reciban un fuerte abrazo de parte de esta comunidad que les quiere y recuerda:

Carmen Gallego

Un momento para la esperanza


Son muchos los números del Puente Misionero que han pasado por mis manos, al ser yo la responsable de darle forma, que no contenido, pues para eso ya están las hermanas que con tanto cariño nos dan a conocer la realidad que viven. Pero en ninguno de esos números he dejado un trocito de mi vida tan grande como lo estoy haciendo ahora.

Cuando mi novio y yo tomamos la decisión de casarnos, después de cuatro años y medio de relación, teníamos claro que con las grandes necesidades que hay hoy en día en el mundo había que frenar de alguna manera todo el derroche que supone una boda. Para conseguirlo, una de las primeras ideas que nos surgió fue la de eliminar los obsequios que habitualmente se entregan a los invitados, pues en la mayoría de las veces acaban olvidados en un cajón, sin uso, y nos parecía algo totalmente prescindible. 

Así que se nos ocurrió destinar el presupuesto de los detalles de los invitados a una buena causa, buscar el medio de hacer un regalo solidario que, a su vez, fuese de gran utilidad para otras personas. Que mejor manera que hacerlo a través de las hermanas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, a las que el destino me ligó con 12 años tan fuerte que 15 años después sentí la necesidad de encontrar a Rosa, aquella misionera que de pequeña me había enseñado que todos podemos aportar algo para hacer de este mundo un mejor lugar para vivir. 

Eran muchas las necesidades y poco lo que podíamos aportar, pero después de muchas dudas entre las diferentes opciones escogimos el proyecto de alfabetización en Poipet (Camboya). Nuestra humilde aportación económica permitirá que un grupo de mujeres aprendan a leer y escribir, y ojalá que adquieran una mínima educación que las ayude a alejarse de la prostitución, tan arraigada en ese país, y que se puedan concienciar de la importancia de llevar a sus hijos a la escuela para sembrar las semillas de un futuro mejor para ellos. 

Nuestra boda no tendrá mesas llenas de figuritas de porcelana, abanicos de colores o botellas de licor en miniatura. Su lugar lo ocuparán unas tarjetas de esperanza para un grupo de camboyanas, que a partir de este momento llevaremos siempre en el corazón.

Marina Valero Mariscal 
Misión Compartida